viernes, 11 de abril de 2014

Ciudad delirio, de Chus Gutiérrez: “Flores del Valle”


Mi amiga me dice que su momento “favorito” de Ciudad delirio es cuando Julián Villagrán (quien interpreta a un médico español que asiste a un congreso en Cali) después de haber pasado la noche en el inefable Motel Kiss Me (un parque temático de la obscenidad traqueta) con una caleña, apenas abrazados, sale a la ciudad. Bajo su ardiente sol y con los efectos aún vivos del guayabo (“resaca” le corrigen al personaje para mejor traducirle), hace un inventario visual de las caleñas que son como las flores, que vestidas van de mil colores. En un arranque de ilustración la  canción de Piper Pimienta se escucha en la banda sonora: “Caminando van por las aceras / contoneando llevan su cintura / ellas mueven las caderas /como los cañaverales”. Como no solo lo asaltan las mujeres sino los vendedores de minutos de celular y otras delicias del folclor urbano, yo le respondo a mi amiga que a la secuencia solo le faltó que también las mujeres se pusieran su precio en el lomo.

Carolina Ramírez, la heroina de Ciudad delirio.

En los años cuarenta y cincuenta, el crítico de cine y empresario antioqueño Camilo Correa pugnó porque se crearan las condiciones para sacar al cine colombiano de su postración estética e industrial. Su ideario, tal como lo resume el investigador Álvaro Villegas consistía “básicamente [en] la formación de un pequeño Hollywood en Medellín, ciudad que por su luz natural, suavidad del clima, ubicación geográfica, variedad de paisajes, carácter artístico de sus habitantes, espíritu empresarial y mujeres hermosas debía concentrar la producción nacional que debía ser constante y empezar por películas fáciles de hacer y que atrajeran la atención del público, aprovechando el atractivo de la música popular” (1). Sus aspiraciones se concretaron en una desastrosa película, Colombia linda, adobada con abundante música y participación hasta de Montecristo. Las latas del film se perdieron “en el fondo del río” pero sobrevive su leyenda. El técnico Guillermo Isaza describe su sincronización de imagen y sonido: “Se seguía oyendo la música cuando los integrantes del trío ya habían colgado las guitarras” (2).

Sin duda el cine colombiano ha progresado desde aquellos años cuarenta y cincuenta en que soñábamos con la internacionalización de nuestras películas y le apostábamos al gancho del folclor: nuestras películas, mal que bien, se oyen y se ven. Pero muchos agentes de la cultura, productores de cine, funcionarios y periodistas siguen sembrados en un programa de hace seis o siete décadas. Ciudad delirio es una película que expresa, una a una, todas las torpezas de esta estrategia, su potencial tanto como sus limitaciones, su horizonte estético y político.

El argumento es más o menos como sigue: el médico español llega al mencionado congreso. Lo recibe una amiga (Ingrid Rubio) también española que ya está integrada a Cali y sus secretas delicias. El mismo día se van de rumba y el médico conoce por arte de birlibirloque, como ocurre todo en una película que parece concebida entera por un Deus ex machina, a una simpática y emprendedora caleña (con amigo gay a bordo), que se empeña por enseñarle a bailar. El sueño de la chica (Carolina Ramírez) es sacar adelante su academia de baile e integrarse al grupo de Delirio, la emblemática compañía caleña de salsa. Los dos personajes, desafiando todas las distancias geográficas, sociales y culturales se enamoran. La película es, en esencia, la historia (improbable) de este amor.

El relato está sembrado de personajes e incidentes que revelan una posición estética y política. El binomio civilización-barbarie que abundó en la cultura y el pensamiento del siglo XIX demuestra estar “vivo y coleando”. Los portadores de la civilización son extranjeros y blancos que tienen comportamientos racionales, autocontrol y capacidad reflexiva. A los demás les corresponden las puras fuerzas instintivas, la pasión, el baile, el desperdicio de fuerzas, las condiciones propias de lo primitivo e informe. Pongamos un ejemplo: Carolina Ramírez es caleña y es hermosa, pero también es disciplinada y emprendedora. Su padre, el personaje más simpático de la película, reconoce un antiguo ascendiente español que le permite no solo conectar emocional e intelectualmente con el médico sino separarse de esos impulsos degenerados que están representados en los negros (el amigo gay de Carolina Ramírez o su ex esposo). Lo que está en juego en esta película es una política de los cuerpos y las fronteras, de cuáles de esos cuerpos importan y cuáles no, tan evidente que sonroja. Ciudad delirio no disimula el desarrollo de un discurso racial en el seno mismo de una ciudad (Cali) donde el tema es particularmente sensible. Que la película entusiasme tanto a la Ministra de Cultura hasta, a lo que parece, imponerla como la película inaugural del Festival de Cine de Cartagena, demuestra su visión de clase, su imaginario colonial y su lógica de hacendada. 


Ciudad delirio solo se puede analizar políticamente, pues en términos estéticos y narrativos todo lo que se puede decir de ella es obvio y redundante: el guion inverosímil, el precario desarrollo de personajes, la imaginación melodramática básica. Este film de Chus Gutiérrez, la limitadísima y oportunista directora de Sexo oral y Retorno a Hansala (una bienintencionada pero torpe película sobre inmigrantes) se convierte en el síntoma de unos comportamientos, muchas de ellos inconscientes, que tienen sembrado al cine colombiano en un punto ciego. 

Nuestro cine ha decidido participar de manera activa en una cierta distribución de imaginarios geopolíticos que han quedado reflejados en iniciativas como la ley “Filmación Colombia”. En este reparto está claro a quién le corresponde qué parte. Así, la simetría de esta película con el poder es escandalosa: Colombia ha decidido jugar una posición subordinada como economía extractiva y de servicios, y en Ciudad delirio están mostradas las cartas de ese programa político.

Lo que molesta no es que este cine exista, sino que exista con tanta arrogancia y capacidad de avasallar simbólicamente todo lo que no participa de su compromiso supino y patético con el poder. Los productores de Ciudad delirio afirman sin asomo de duda que la película “refleja a Cali como realmente es: una ciudad alegre que no conoce la tristeza y que delira con ese ritmo que transita por las venas. Una película en la que Cali y el Valle del Cauca se ven en todo su esplendor, los paisajes, el calor de la gente y la música…”. Es como cuando Dago García asegura que hace películas con lo que les gusta a los colombianos. Pero Dago García o Diego Ramírez, productor de esta película, ¿qué colombianos tienen en la cabeza? Víctor Gaviria sugirió de forma tajante, en un foro hace algunos años y hablando de la radio y su forma de generar opinión pública: “Hay que apagarles la radio a estos hijueputas”. Yo traslado y suscribo sus palabras para lo que corresponde.

Notas:

1). Texto inédito facilitado por su autor.

2). "Las latas en el fondo del río. El cine colombiano visto desde la provincia" es un texto escrito a cuatro manos por Víctor Gaviria y Luis Alberto Álvarez en los años ochenta. Fue publicado originalmente en la revista Cine y ha sido retomado en varias publicaciones que reconocen su carácter de manifiesto generacional y programa estético-político.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

De acuerdo 100% con sus impresiones. Qué dolor da ver que las "grandes películas" colombianas en nada construyen nuestra identidad, sino que son visiones arrodilladas, sesgadas e incompletas hechas por lo general por realizadores extranjeros. 2014 pinta muy mal para el cine colombiano. Perdimos el rumbo, si es que alguna vez lo tuvimos.

Madera Salvaje dijo...

Cuando Víctor dice "estos hijueputas" habla de los de la radio, supongo, no de los que oyen... Conviene dejarlo en claro para que se vea nuestra actitud tan abierta y no algún inimaginable tremendismo.

Anónimo dijo...

Siempre tan certero amigo Pedro Adrián. Mándame por favor tu dirección de correo electrónico. divelaz58@hotmail.com

Para no ir más lejos. estamos tan "pior de mal". Que en Panamá, premios ¡platinium?
Cantó fanny Lu. Carlos vives y gano como mejor actor el director de "no se admiten devoluciones" sera que le falta actuar a Dago?
Sera que como continuamos con la "loca motora" TLCs mineros y ley de Movies. Porque nos pueden meter a la cárcel por decir CINE.

jack casablanca dijo...

este tipo de películas son mucho más peligrosas que las de Dago o Trompetero, las cuales, al menos, afirman sin pudor su talante caricaturesco. estas otras, en cambio, se toman muy en serio. bajo un empaque de sofisticación tropical o desenfado folclórico se esconde cierto dogmatismo con el cual naturalizar, como bien lo afirma el crítico, comportamientos y actitudes clasistas. Por otro lado, lamentar que estas películas no contribuyan con la construcción de la identidad nacional es caer en la misma lógica. La identidad es un cascarón, y se reduce siempre a sus representaciones. quienes defienden algún tipo de identidad como realidad acabada deberían estar siempre bajo sospecha.

Anónimo dijo...

Yo prefiero esta película a seguir viendo traquetos, narcos, prepagos, etc. Por lo menos acá vemos salsa, vemos jóvenes, vemos baile... ¿Acaso eso no es valioso? Apuesto a que si fuera una película llena de muertos y de sangre la calificarían de perfecta...

Carlos Walter Rojas dijo...

Poco elegante la crítica. La virulencia del lenguaje lo dice todo.

Jerónimo Atehortúa dijo...

Con este mismo criterio es con el que hoy el FDC ha decidido cortar el dinero para producciones chicas y enfocar sus estímulos en financiar supuestos blockbusters colombianos. Hoy hay menos dinero para postproducción, documentales, cortos, y películas pequeñas, pero se creo una absurda categoría para financiar superproducciones colombianas, a la que fueron a parar los dineros de las demás categorías. ¿Nos dirigimos a un Hollywood en miniatura? ¿esa es la intención de la política pública en cine en Colombia? Todo eso responde a las críticas descontextualizadas que se quejan del cine colombiano que no es capaz de llenar las salas, como si en el resto del mundo (salvo dos o tres excepciones) los cines no hollywoodenses fueran empresas rentables. Algunos citarán como ejemplo los conocidísimos casos de películas argentinas y mexicanas que logran ser éxitos de taquilla, olvidando que en sus países esos también son proyectos marginales respecto de la producción total de películas. Por otro lado, si estos fondos dependen del ministerio de cultura, ¿por qué se obsesionan tanto con la taquilla? ¿Acaso el cine no es un proyecto cultural? Si ese no es el caso, más valdría que le pasen el fondo al ministerio de comercio, industria y turismo, quizá ellos lo manejen con mayor criterio de rentabilidad. ¿Por qué esos críticos del cine colombiano premiado en el exterior que no logra taquilla, jamás se preguntan por la dudosa calidad del cine que sí es "exitoso"? Es mucho más preocupante que productos como este sean lo que nos interese como público. El cine colombiano está creciendo y necesita el acompañamiento del estado, quitarle el dinero a los nuevos realizadores no hace más que vulnerarlo, es en las nuevas generaciones donde esta el proyecto de un cine nuevo, no en estas coproducciones estandarizadas, que más que cine, son promotores de un turismo neocolonialista, lo paradójico es que estas películas son puro fenómeno de cabotaje, pues a nadie afuera de Colombia le interesa verlas.

Camilo Osorio dijo...

Su reseña me deja un sabor agridulce. Estoy de acuerdo con varias de sus apreciaciones, es una película típica, la directora y su equipo no conoce sutileza para meter la publicidad de sus patrocinadores, lo cual termina siendo propaganda de televisión y pese a que es una ficción, la mayoría de las situaciones son en exceso reforzadas. Una película fácil de olvidar. Sin embargo, como caleño le confieso que tiene algo que me tocó la fibra, a propósito de la música y el melodrama, y eso sé que a los caleños les encantará. Además de lo negativo yo vi la problemática de ser bailarín de salsa en Cali muy latente, aunque estoy seguro que ese no era el interés de la directora. Le comparto mi menos académica reseña de la película, con un evidente ánimo caleño, pese a que sé que esta es 'una otra película colombiana' http://carretapura.blogspot.com/2014/03/ciudad-delirio-la-otra-postal-de-cali.html

Carlos Palau dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Palau dijo...
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Anónimo dijo...

Delicado el comentario final de cierre... Era necesario terminar con esa referencia que da pie para interpretaciones innecesarias?

Anónimo dijo...

Sinceramente que critica tan fuera de foco. Es tedioso tener que leer tantas arandelas que este escritor tiene que formar para decir algo. AL grano!! de una!!!!
Me parece que el critico sufre de delirios de emulsion. Para que ciontarnos o hacernos saber de algo que nada que var. Sea econocmico! sea eficiente con las papabras.

anita de hoyos dijo...

Me parece que mezclas peras con manzanas cuando al final de tu comentariuo hablas de Dago y lo comparas con doña Chus. Cada loro en su estaca, Pedro. Las películas de Dago podrán no gustarte, pero tienen el decoro de estar hechas con la plata de Dago y no con nuestros impuestos. En cambio, doña Chus y toda la caterva de "coproducciones" que el ministerio ha patrocinado, se hacen con nuestros pesitos y eso si es criminal.

Camilo Villamizar dijo...

Va a resultar que lo único bueno de Ciudad Delirio es el debate que resulto de ella, y la manera en que dicho debate a puesto en el centro de la discusión, entre otras cosas, el papel que la crítica asume en el proyecto de industria cinematográfica que se construye en el país.

Ejemplo de esto son el articulo, recién publicado, de Madera Salvaje a propósito de la discusión: http://www.maderasalvaje.blogspot.com/2014/04/nota-sobre-el-caso-ciudad-delirio.html o la critica de Iván Gallo en las 2 orillas (que no dice mucho que no se alla dicho ya en el presente articulo):http://www.las2orillas.co/ciudad-delirio-y-la-ministra-de-cultura-arrodillada/ o la respuesta directa de la ministra a dicho articulo: http://www.las2orillas.co/replica-de-la-ministra-mariana-garces-a-la-columna-de-ivan-gallo/

Tiene razón Madera Salvaje al decir que esta mal desdeñar de tajo el análisis critico en lo referente a los criterios estéticos y cinematográficos de la película, principalmente porque, aún cuando para el cinefilo experimentado las taras cinematográficas de la película puedan ser obvias, una de las funciones que la crítica debe asumir en un país como Colombia (en "desarrollo cinematográfico", para robarle el nombre al FDC) es aportar a la construcción de públicos, al darle al publico de a pie elementos de juicio sobre un tema que para dicho publico no es ni obvio, ni evidente.

También es cierto que detrás de toda estética hay una ética, y que la discusión que proponen Pedro o Iván Gallo no es para nada desenfocada, sino pertinente y, creo yo, acertada.

PD: Para una crítica de Ciudad Delirio enfocada en sus elementos cinematográficos, podría valer la pena revisar la reseña de el joven crítico Jason Vital que se encuentra aquí: http://encuentroscartagena.wordpress.com/2014/03/15/colombia-idealizada/

Diana Acosta dijo...

"Colombia ha decidido jugar una posición subordinada como economía extractiva y de servicios" lo dice Pedro en su blog y yo... estoy completamente de acuerdo. Bienvenidas las coproducciones... en muchos casos, se vuelven oportunidades de "transmisión de conocimiento" invaluables (además de ampliar las posibilidades de financiación y de distribución de la película)... pero lo que más se aprende allí es en sí el oficio del cine (al menos para los que apenas empiezan), el cómo se hace (algo que debemos replantear porque al menos aquí, "el modelo" no está funcionando). En mi ciudad por ejemplo hay talento -así me digan en la comisión fílmica de Medellín que no-., que nos falta oficio si. Pienso que es necesario diferenciar entre el uno y el dos para tener más claridad y comprender mejor lo que nos pasa. El talento no es exclusivo de nosotros, lo encuentras en cualquier país que visites... lo que sí nos hace únicos son nuestras historias. El reto es cómo las vamos a contar y cómo las vamos a pasar del guión a la pantalla grande... y para esto necesitamos guionistas, directores, productores, montajistas, hombres y mujeres, que no sólo hagamos cine si no que también lo pensemos, porque eso de copiar y pegar fórmulas, no aplica... al menos aquí, en mi ciudad y país que tanto quiero.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Con relación al comentario de Santiago Andrés Gómez en su blog Madera Salvaje valdría la pena cuestionar la idea de que "Ciudad delirio" pertenece al género musical. Otra cosa muy distinta es que utilice canciones como gancho comercial. Pero concluir de ahí que por eso la película pertenece a la misma tradición de los musicales de Busby Berkeley, por ejemplo, me parece que desenfoca y desinforma.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Y en relación con el mismo artículo,agregaría que el problema de la "plataforma ideológica" de "Ciudad delirio" es inseparable de su simplicidad formal. En ese sentido desdeñar un análisis formal es más una estrategia de argumentación para significar que lo formal está en lo ideológico y lo ideológico en lo formal. El ejemplo más concreto es la secuencia de "Ciudad delirio" que refiero en el primer párrafo de mi artículo. Así, lo que matiza las contradicciones ideológicas del género musical o de David W. Griffith es, precisamente, su complejidad formal.Por último, es la propia película la que, en su estrategia de promoción, se vende como un retrato "auténtico" de Cali. En ese sentido el reclamo de verosimilitud o complejidad no resulta, a mi parecer, para nada desenfocado.

Anónimo dijo...

Mas allá del hecho que en buena parte de la película parece una publicidad para el turismo sexual en Colombia, del subtexto ideológico, de la sencillez medio tonta de la historia, sí se debe también analizar esteticamente: esta película es tremendamente mál filmada, las escenas de baile que deberían ser su punto fuerte no tiene otra preocupación que la de ser filmadas con la suficiente distancia para que el espectador no se de cuenta que los actores no son los que bailan, etc..

Anónimo dijo...

Jamás había leído "criticas" de cine que terminen con insultos hacia el equipo de producción de una película, hacia inversionistas, patrocinadores, ministras y el público que SI goza y quiere este tipo de cine. Que bajeza! Todo cineasta tiene el derecho a producir lo que le parezca, con los recursos que gestione. Ustedes tienen el derecho de criticar de manera constructiva, NO insultando. Parecen las bestias de las barras bravas que salen a insultar y tirar piedra a su equipo por perder un partido de futbol. Bonito ejemplo que dan.

Anónimo dijo...

La politica y las reglas del FDC, la Ley de Cine, e Ibermedia permiten presentar, considerar y apoyar películas de todo tipo. Mientras eso sea permitido y exista libertad creativa para los proyectos premiados, y que acceden a los estímulos tributarios, ustedes están gritando en el lugar equivocado. Si quieren dar esa discusión no la hagan a costa de una película. No es justo. Den la pelea y pongan la discusión donde debe darse, y ante las personas que si tienen el poder de cambiar la politica de apoyo al cine. Eso es 100% necesario y solo así estarán pensando en el bien a largo plazo de una cinematografía con mucho que probar y aprender como la colombiana.

Anónimo dijo...

"La politica y las reglas del FDC, la Ley de Cine, e Ibermedia permiten presentar, considerar y apoyar películas de todo tipo. Mientras eso sea permitido y exista libertad creativa para los proyectos premiados, y que acceden a los estímulos tributarios..."
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ!!!!!!!