lunes, 2 de mayo de 2011

Festival de Barichara, meandros de la memoria

A pesar de que de cuando en cuando el cine de Hollywood y sus réplicas en todo el mundo intenten aprovechar el dispositivo fílmico para construir memorias de largo plazo (sobre todo cuando hay poderosos intereses de por medio como en el caso del Holocausto judío), lo normal es que el espectáculo cinematográfico sea una gigantesca invitación al olvido: infinidad de películas se sobreponen unas a otras para que la máquina del consumo no se detenga. Y por todas partes, el espectáculo y sus mentores (la tecnología y los medios en su conjunto) juegan a la obsolescencia inmediata y el culto a la novedad.

En esa lógica de consumo, los festivales de cine, aun siendo ellos mismos parte de una cadena que puede llegar a repetir las lógicas del mercado, se erigen normalmente como una barrera contra la uniformidad y la estandarización de la oferta cinematográfica y contra la penosa centralización del consumo público de cine en las grandes ciudades. De esa manera y coincidiendo muchas veces en esos propósitos, toda una cadena de festivales de pequeño aliento, pero de enorme proyección, están creciendo en varios lugares del mundo, incluida Colombia.

El Festival de Cine de Barichara, cuya primera versión se realizará entre el 30 de junio y el 3 de julio próximos, continúa una tendencia que empezó en Colombia con un evento como el Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia y se prolonga en las experiencias de Villa de Leyva, Mompox, Toro, San Agustín o Pamplona. En todos los casos se trata de municipios pequeños pero de un gran valor patrimonial, que se quieren posicionar con ideas en torno a la cultura, justamente para preservarse de los ánimos depredadores que caracterizan la idea de desarrollo y progreso en Colombia.

Karen llora en un bus, de Gabriel Rojas.
Lo nuevo que aporta el Festival de Cine de Barichara es justamente la inclusión de este derrotero en su propio norte curatorial, al proponerse como un evento sobre el patrimonio y la memoria ("Las paredes hablan" es el tema de esta primera versión). De acuerdo con esa iniciativa, la cita de finales de junio y principios de julio es una oportunidad para asistir a una muestra de películas donde estos tópicos son rectores. La programación, con trabajos de corto y largo metraje que poco a poco se van confirmando, incluye filmes como Beatriz González, ¿por qué llora si ya reí?, de Diego García; Pablo’s Hippos de Antonio Von Hildebrand; Los colores de la montaña, de Carlos César Arbeláez; Todos tus muertos, de Carlos Moreno, y Karen llora en un bus, de Gabriel Rojas. Esta selección de estrenos nacionales estará complementada con una selección oficial también vinculada a los temas de memoria y patrimonio, en cuatro categorías: ficción, documental, animación y experimental. Además de un novedoso apartado de spots publicitarios, y una muestra de cine, ciudad y arquitectura, curada por el festival de Tribeca. 


Como parte del compromiso de Barichara con la región en la que se emplaza, el festival rendirá homenajes a figuras de la cultura santandereana como la maestra Beatriz González, o de la cultura nacional pero muy vinculados a la región como el pintor David Manzur y la familia Schroeder, pionera del sonido en el cine colombiano.Y anuncia la presencia de figuras como la documentalista Marta Rodríguez; el arquitecto Kyle Bergman, fundador y director del festival de diseño y arquitectura de la ciudad de Nueva York, y el guionista y director de Malviviendo, una de las más exitosas series de la web en español. Esta variedad de actividades e invitados demuestra una conciencia de que el patrimonio es algo vivo y no necesariamente sembrado en la nostalgia y el pasado.


Diego García Moreno, uno de los invitados al festival.

Barichara espera convertirse en una parte visible del calendario audiovisual colombiano, con un evento donde lo primordial sean las películas y la fiesta cultural se articule en torno a ellas y a los intercambios y diálogos que generan: entre el público, las obras y los creadores. ¡Que así sea! 

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7 comentarios:

William Zapata M. dijo...

Esos festivales de este país dan risa, sinceramente.

Se hacen con tantas ínfulas que se montan en la película, verdadero rodaje, de que estamos en una sociedad con industria cinematográfica y sus programaciones se cierran a esa idea.

Total, uno termina sufriendo los mismos 5 largometrajes anuales de turno, como cinéfilo casual, (adivinen este año cuáles serán esas exquisiteces) festival tras festival, cuando no es que terminamos revisitando la obra de Víctor Gaviria o de Humberto Dorado.

Y no quiero ser reduccionista, pero es real: si los festivales nacionales no echan mano de lo global, siempre terminan patinando en el onanismo visual de nuestros eternos tratamientos de siempre.

Como dirían muchos de aquellos que fueron a Woodstock: ¨Yo me devuelvo para casa, no me aguanto este pantanero, qué pereza¨.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Pero es que eso es fácil decirlo Dear Willy desde ciudades como Medellín o Bogotá, pero no es poca cosa presentar estas películas o cualquiera otra, en ciudades donde ver cine es un exotismo. También hay que ver el asunto desde lugares ajenos al centro.

Anónimo dijo...

William:
Eres un imbécil.

Julio Luzardo dijo...

A pesar de lo que dice Anónimo, yo estoy de acuerdo con William en sus apreciaciones. El Ministerio de Cultura ya ha catalogado más de 70 festivales de cine en Colombia, que es una cifra mayor al número de municipios que se encuentran capacitados para la exhibición cinematográfica en el país. Y lo peor de todo, es que a la mayoría de esos "festivales" no asisten sino los invitados de honor, los lagartos de siempre y cuatro gatos.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

No me parece que lo que dice Julio sea cierto en todos los casos -él mismo advierte que eso ocurre en la mayoría-. De cualquier manera, tampoco las cifras son la justificación de todo. Puede que sea más importante la calidad de la experiencia o la oportunidad que se le abre a unos pocos espectadores interesados.

William Zapata M. dijo...

Ome´Pedro, todo el mundo sabe que esos festivales en pueblitos son un pretexto para que la gente de las ciudades se vayan a beber y a meter, lo que resulta excelente para impulsar los turismos locales. Pero de ahí a que hagan un aporte de divulgación cinematográfico, hay mucho trecho. Para no ir muy lejos, en el pasado festival de Santa Fe de Antioquia, un lugareño tomó la palabra en el encuentro con los actores y lo dijo, más o menos, como lo digo yo.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Hombre Willy: pero lo cortés no quita lo valiente