sábado, 4 de mayo de 2013

Estrella del sur, de Gabriel González: "Adiós muchachos"

Los barrios del sur de Bogotá han sido con frecuencia el paisaje escogido por el cine colombiano para hacer turismo antropológico. Directores nacionales de distintas generaciones se han sentido autorizados a expresar su superioridad cultural y a "hablar por el otro", a explicar, en suma, la cultura y el modo de vida de esos barrios, con la ilusión de que son un todo homogéneo. Los ejemplos de estas "deformaciones", para usar un término de la colega Juana Suárez, saltan a la vista sin mucho esfuerzo, y conforman un catálogo que va de lo pintoresco a lo infame, de Como el gato y el ratón a El Man, pasando por las incursiones de Dago García y su corte. Y ni hablar, a propósito, de la televisión.

Casi siempre en tono de comedia, un género apropiado para presentar a los personajes por debajo del ideal moral, estas representaciones del sur, en últimas, nos dicen que quienes viven en esos linderos -separados de múltiples maneras de la ciudad normalizada- comparten todas las características de los niños y de los bárbaros: incapacidad de articular un pensamiento y una acción racional, fatalismo cultural y no pocas veces biológico, debilidad de la voluntad que les impide organizarse en un proyecto comunitario y/o político. Son todas estrategias de exotización para mantener a raya un temor latente al contagio, a la mezcla indiscriminada que pondría en riesgo los precarios privilegios de las clases medias y altas.

Es justo decir que hay antecedentes que intentan otro tipo de aproximaciones, desde ciertos melodramas del viejo cine colombiano como Alma provinciana, que al menos tenían la virtud de dotar a este tipo de personajes de algunas virtudes morales, hasta documentales como Chircales, que exploraron a fondo las condiciones de explotación económica de las ladrilleras de Usme, que nunca es solamente económica. Y por supuesto la obra pionera de José María Arzuaga, en especial Raíces de piedra, un piedra de toque del neorrealismo latinoamericano que mostraba a unos personajes en su contexto y les construía una dramaturgia que valoraba la densidad cultural de sus formas de vida.


Julieth Restrepo en Estrella del Sur.
Por fortuna muchas cosas están cambiando, en especial por el aporte de directores jóvenes con otro tipo de formación que sirve de contrapeso a la banalidad casi generalizada y gracias al trabajo incansable de grupos y personas que no dejan de cuestionarse el sentido y los alcances de "intervenir" en, o al lado de, poblaciones que tienen condiciones de vulnerabilidad. Estrella del sur, la opera prima de Gabriel González, un joven director formado en la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, hace parte de este cambio de enfoque.

La película se centra en un grupo de jóvenes, al final del bachillerato, en un colegio del sur de Bogotá, y los efectos que sobre este grupo tiene la llegada de una nueva profesora, de otra educación y distinta clase social. Se trata antes que nada de un intercambio de mundos destinado al fracaso y la tragedia, pero también al aprendizaje. Más allá de este esquema básico, el mayor logro de la película es construir un contexto creíble que permite reconocer las lógicas del barrio, la violencia latente y manifiesta que no se produce ex nihilo ni por un determinismo cultural, sino por la acción muy concreta de unos "agentes" que destruyen toda posibilidad de inocencia y cualquier sentido de comunidad. 

Aunque hay personajes sobre los que se pone el acento, como Antonio, quien lleva la carga de su casa a sus escasos años, o la propia profesora, estamos ante una obra coral. Si bien algunos de los personajes y de los hechos pueden resultar cargados de estereotipos o sean previsibles, conforman un sistema que a fin de cuentas resulta verosímil. 

Estrella del sur no es una obra maestra; es una opera prima con errores y excesos, quizá demasiado cargada emocionalmente como para ser en verdad efectiva. Otros desaciertos son menores y perdonables, como el hecho de haber elegido a la bellísima Julieth Restrepo para el papel de la profesora nueva, lo que remite de forma mecánica a su papel en la telenovela A mano limpia. Es muy probable que esa identificación no le favorezca a la película, aunque la profesora construye su papel con una fuerza tranquila y termine por convencernos.

Pero es imposible no valorar en Estrella del sur la entereza y honestidad de su mirada. La película de Gabriel González, quien fue profesor de cine en el mismo colegio donde se realizó el rodaje, abre, junto con Silencio en el paraíso -el largometraje de Colbert García sobre unos personajes del barrio del mismo nombre, que terminan siendo víctimas de los falsos positivos-, o el cortometraje No todos los ríos van al mar de Santiago Trujillo, una posibilidad de que el cine contribuya a ampliar el relato sobre una zona de la capital del país recortada y simplificada por los medios masivos e incluso, en muchos casos, por el trabajo de artistas o trabajadores sociales. 

Aquí no hay un punto de vista desde afuera, a pesar de que la acción nos es presentada en buena parte a través de los ojos de la profesora. Y aunque se trate de una película dura, realista y sin concesiones que tranquilicen al espectador, tampoco se abusa de esas "narrativas del desastre" a las cuales son proclives tantos oportunistas con intereses políticos y/o económicos.  



Como lo sugiere el trailer y otros elementos promocionales, Estrella del sur es una película sobre la despedida de la adolescencia, un duelo universal casi siempre asociado a los últimos años del colegio, cuando el destino personal se puede revelar con toda su carga de brutal indiferencia, y toda decisión plantea un dilema de consecuencias muchas veces irrevocables.

Ver trailer:



7 comentarios:

Madera Salvaje dijo...

Me encantó este texto, Pedro... Hay imperfecciones en la película, incluso en la verosimilitud que le elogias (la presencia notoria de la paraca a la salida de las clases, sin que nadie se huela su relación con el chico protagonista, es algo que resulta difícil de creer), pero tiene una entereza admirable, y momentos no solo muy fuertes sino desconcertantes en su profundidad, en su inaceptable absurdo (el amor de la pelada por su violador, por ejemplo)... Incluso lo que hay de predecible en el terrible momento final, no se podría achacar del todo a la película, sino a unas dinámicas que hemos hecho predecibles... Es una cinta muy valiosa desde todo punto de vista.

Anónimo dijo...

La película es admirable. Hay un momento donde la intensidad dramática y las sorpresas propinadas por algunos personajes se elevan tanto que no parecen pertenecer al resto del mediocre cine del país. Sin embargo, como lo han dicho, algunas fisuras de guión hacen que baje nuevamente al territorio de las soluciones genéricas de guión. Personajes sólidos: Gerson (magnífico), el enano, la paraca. Personajes donde faltó trabajo: La profesora, Antonio.
Al principio la profesora llega muy valiente, pero después, -más que convertirse en cobarde- queda como pasmada y sin motivaciones. En este tipo de esquemas, ella debería cambiar al final o aprender algo, pero no parece así. El beso y el lugar donde sucede es inverosimil.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Creo que la profesora -Julieth Restrepo- tiene un arco de transformación aparentemente mínimo porque es un personaje muy contenido, incluso en su valentía -que nunca es tanta- y su miedo. Y estoy de acuerdo con Santiago Andrés Gómez en que, a pesar de que "la paraca" es una presencia fuertísima, la película tal vez se quede corta en mostrar cómo destruye desde adentro esa comunidad que es el grupo de muchahos. Pero la estrategia que evidencia es terrible: volver extraños a los cercanos, sembrar la sospecha en lo cotidiano.

Anónimo dijo...

Me parece que la película hace bien en apenas sugerir la organización sin mostrar detalles de su estructura interna. Hago la relación con otra sugerencia muy oscura que existe en cuanto a la recuperación de las pertenencias de la profesora por parte de Antonio: Se podría pensar que el muerto encontrado en el camino con su hermanita, tuvo relación con ese robo, pues Antonio ha pedido detalles del robo a la profesora. Desde ahí también es muy fuerte la insinuación de que Antonio llegue, incluso desde una posición de indefensión, a decidir quién vive y quién no. Para mí, esto hizo al personaje mucho más oscuro, y por tanto la película requería un final proporcional a estos abismos morales sugeridos.

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Claro, cuando hablo de mostrar como "La Paraca" y lo que ella representa destruye desde adentro cualquier sentido de comunidad, no estoy reclamando que se muestre más de la estructura interna de esa "organización" pues eso implicaría enfocarse en ellos y hacer otra película sobre victimarios. Es más mostrar sus efectos en las víctimas. Un poco lo que reclama Santiago Andrés Gómez: desde el lado de los muchachos, no de los paracos.

Anónimo dijo...

Creo que la película tiene dos grandisimos aciertos. Por un lado, muestra personajes complejos, que evaden cualquier clasificación moralista de buenos o malos, pues son personajes polifacéticos, cada uno con lados dulces y también crueles, y cuando los lados crueles surgen, la película no trata de disculpar a sus personajes ni inventar excusas, lo cual, en ultima instancia, hace aun más evidente que el verdadero proceder de la crueldad no radica ni en su naturaleza ni en su lugar en la sociedad, y eso de cierta manera increpa al espectador al respecto de cual es su nivel de responsabilidad en el hecho de que existan realidades sociales donde la violencia ocupa un lugar tan preponderante. Por el otro lado, la película empodera a sus personajes, pues la maestra no llega al barrio a cumplir la función de salvadora, como ocurre en algunas películas norteamericanas en las cuales se trabaja la premisa del maestro que trabaja entre poblaciones vulnerables, ella esta tan confundida como sus estudiantes, tal ves entiende menos que ellos y no tiene realmente ninguna respuesta al conflicto, los jóvenes del barrio terminan afrontando solos y de manera autónoma no solo su situación social, sino también las consecuencias de sus acciones, y esto es importante para un cine que trata de retratar la realidad de personas que sufren, pues, aun en medio de la violencia y la desolación de algunas de las escenas, ellos tienen la libertad de elegir como actuar, aun si se equivocan, y esa liberación es al fin de cuentas un reclamo a una sociedad que mira a estas personas como necesitadas de la divina intervención de agentes que armados de superioridad moral, deben rescatarlos, tal y como lo hacen algunos cineastas a la hora de representarlos.

Luisa dijo...

Pelicula admirable, muy fuerte, que aborda un tema poco tocado en el cine colombiano: la limpieza social. La extrema derecha "la mano negra" amenaza a cada persona que no respeta sus ordenes, sin dudar en matar a los que viven como quieren.
Esta pelicula me toco profundamente, porque no pensaba que fuera posible que tales cosas suceden en Bogota, o en las ciudades de Colombia. Siempre se habla de las FARC o de los paramilitares, pero no tanto de la limpieza social cotidiana que sucede en los barrios pobres de las ciudades colombianas.
Esta pelicula nos atrapa de la primera segunda a la ultima, dejando nos un sabor amargo y una descarga emocional fuertisima.