martes, 12 de abril de 2011

En el BAFICI: ¿Vaciamiento político del cine colombiano? (6)

Acabo de ver en el BAFICI una espléndida proyección en 3D de Pequeñas voces, el filme documental animado de Jairo Eduardo Carrillo y Óscar Andrade, con su multiplicación de relatos infantiles sobre la guerra en Colombia. Si como lo dijo un comentarista en el foro de Pajarera, Los colores de la montaña representa la visión que del conflicto armado tiene la derecha colombiana, como algo que ocurre en los verdes paisajes de la patria, allá lejos, en el campo, Pequeñas voces es culpable al cuadrado de esta simplificación.

Pequeñas voces luce como una transcripción institucional del conflicto en Colombia, que cae en las trampas de una mirada centralizada y banal, y utiliza como anzuelo emocional la fragilidad de los niños para, de paso, infantilizar (y sentimentalizar) la opinión del público general y su interpretación despolitizada de la guerra. Según esta interpretación, el conflicto colombiano se produce ex nihilo, por la pura maldad de los que hacen la guerra y sin relación alguna con las condiciones estructurales del país. Esa visión diluye las responsabilidades al negar una memoria histórica de largo plazo.

Lamenta uno tener que concentrarse en la dimensión del puro contenido al hablar de Pequeñas voces, cuando sus responsables seguramente querrán que hablemos de los logros técnicos y la proeza de hacer un largometraje animado en Colombia, de las opciones narrativas y de otros aspectos que también son la película. Al respecto, puede servir de guía la declaración del documentalista chileno Patricio Guzmán, en su foro de ayer aquí mismo en Buenos Aires: "en un filme documental el estilo es el tema". Por eso obvio cualquier otra consideración.

Pequeñas voces, largometraje documental animado exhibido en el BAFICI hoy a las 11:15 am.
El filme y su dispositivo "documental" construyen una Arcadia inimaginable e inexistente (el campo), de donde los personajes son expulsados; pero es por supuesto el campo visto desde la ciudad: una extensión idílica y sin meandros, donde se proyectan las fantasías urbanas de aire puro, inocencia, virtud humana incontaminada y regenación vital.

Tras dedicarse a señalar culpables y a poner en escena, con muy poca credibilidad dramática, las fuerzas políticas/militares –sin excluir ninguna, para que quede la sospecha sobre su intercambiabilidad o equivalencia–, restituye de nuevo la Arcadia con la huera promesa de la resignación de las víctimas. Es como una invitación a pasar la página sin entender nada, una aceptación por completo apolítica de la guerra, sus antecedentes y el futuro que habrá que construir si alguna día el conflicto se supera. El niño lisiado por una mina y su happy end urbano es simplemente abyecto y una prueba más del "vaciamiento político" de nuestro cine, quiero decir, de nuestros directores, para ponerlo ad hominem.

¡Habrá que reflexionar in extenso sobre esta manera de encarar el conflicto en Colombia! ¿Qué significa que estamos en el tiempo de la víctima, como dijo Beatriz Sarlo el domingo en Fundación Proa en el foro posterior a Nuremberg? ¿Qué exigencias se deben asumir aquí y ahora de acuerdo con esa problemática afirmación?

ps. Los hongos de Oscar Ruiz Navia ganó el segundo premio de Cinecolor y Kodak en Buenos Aires Lab, y hoy se presenta Beatriz González. ¿Por qué llora si ya reí? Colombia, pese a todo.

Ver trailer de Pequeñas voces:

12 comentarios:

William Zapata M. dijo...

Dear, Peter:

todo arte, hasta los mocos muy bien empacados de Hollywood, termina siendo, en todos los casos, políticamente sospechoso.

Desde el momento mismo en que un ser humano decide abrir la boca para expresarse, ya hay un riesgo de que el estado de las cosas se vea alterado.

Todo intento por acercarse a la belleza, o por lo menos a un orden alterno de las formas, es digno de ser judicializado por insurrecto.

Viviana Goelkel dijo...

Es la segunda vez que entro a la Pajarera. Me alegra que exista este espacio de crítica independiente para comentar el cine colombiano, y no perderse lo que pasa cuando se está fuera de Latinoamérica. Estaba gratamente sorprendida de empezar el año con varias películas relacionadas con el conflicto armado. Tanta gracia no podía ser cierta en un país sin memoria histórica. Por lo visto siguen saliendos más Karmmas y Milagrosas. Ojalá "Todos tus muertos" sea diferente. ¡Adelante, Pajarera! Gracias por esta ventana.

John Harold dijo...

Hola Pedro y foristas de la pajarera, cuando vi la película Pequeñas voces de Jairo en Cartagena me emocionó el hecho de ver a niños como protagonistas, luego el hecho de que los grandes no tuvieran voz mucho más, pero que desparpajo cuando la historia recae en ese vaciamento político, colocando además la ciudad como escenerario de salvación. Con Todos tus muertos ocurre un despropósito: Su director Carlos Moreno hizo todo lo contrario a Perro come perro, intentó ser medido, cauto, pero aburre, genera una escenario teatral absurdo, si este filme es la visión un tanto de izquierda le faltó estilo. Saludos

Anónimo dijo...

Dejemos la prepotencia y las expresiones latinas a un lado y seamos sinceroa con nosotros mismos; en latinoamerica todo lo que no suene a izquierdas suena a vaciamiento politico, y eso es una mentira. El cine colombiano cada vez esta dando voz a mas gente y pretender que toda esa nueva gente que empieza a hacer uso del lenguaje cinematografico pertenesca a las izquierdas autocontemplativas que hasta ahora habian dominado la produccion independiente en colombia, es cortarle los pies a un niño que apenas aprende a caminar.
Para que exista un cine nacional arraigado, debemos abrirnos a la pluralidad de opiiones, pero sobre todo de propuestas, incluso si son apoliticas, "derechistas", pro estatus quo o reaccionarias.
No convirtamos nuestro cine en lo mismo en que hemos convertido el pais entero, en una pugna politica para definir cual debe ser la corriente de pensamiento generalizada.
Ah, y ojala no me tilden de politicamente vacio solo por decir esto.

Julio Luzardo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con "anónimo". Creo que esto no aguanta más discusión. Yo por lo menos, estoy MAMADO de aguantarme a pseudo-intelectuales mezclando el cine con la política. El cine es una cosa y la política es otra. Cada cual en lo suyo. Bravo!

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Cuando les conviene investirse de un disfraz político -por ejemplo en foros internacionales donde sus películas son juzgadas mayoritariamanete bajo esos criterios-, entonces los directores colombianos suelen presentarse como artistas politizados. En el ámbito doméstico, se averguenzan de la fuerza política del cine, y se vuelven extrañamente apolíticos...

Anónimo dijo...

Creo que el punto no es separar el cine de la política, pues tanto el cine como la política representan cosmovisiones del mundo social. El punto es dejar que la multiplicidad de voces que hoy están creciendo en el cine lo puedan hacer, sin necesidad que todas ellas evoquen la misma cosmovisión, que hasta hace poco era recurrente.
En cuanto a la ambivalencia que percibe Pedro en la postura de los cineastas en los ámbitos internacional y doméstico, me parece que sería mejor no generalizar, pues muchos cineastas no tomarían los riesgos ni las temáticas tan delicadas que abordan si su pretención fuera desconocer la fuerza política del cine.

Anónimo dijo...

Pedro

Que bueno leer sus despiadadas críticas, a mi parecer el país sufre críticos o cineastas que solo alaban el cine nacional por temor o simplemente condescendencia. Creo que la madurez de nuestro cine depende de mirarnos con distancia, sin atenuantes.

Paso a hacer comentar sus apreciaciones:

- Es cierto que nuestra película, al igual que "Los colores..." retrata la realidad de las víctimas como si estuviera desconectada de las condiciones estructurales de la sociedad colombiana. Cuando vi "Los colores..." sentí eso mismo y aunque se trate de nuestra película, no puedo más que aceptar su crítica. Por otro lado, tenga en cuenta que una película como "Pequeñas voces" se focaliza en un aspecto del conflicto y no pretende ser un ensayo sobre "toda" nuestra realidad.

- La inocencia de las víctimas, aunque no es completamente real (nada en el cine es real, aunque sea documental) tampoco es completamente falsa. Después de oir atentamente las 11 entrevistas de los personajes que planteó inicialmente el director, tratamos de ser fieles a los testimonios de los niños. Aunque existió una interpretación dramática, no las tergiversamos ni alteramos malintencionadamente para hacerlos aparecer "inocentes"

- Sobre el Happy end: si hay algo que considero mi aporte a la película fué plantear este final. Entiendo su repulsión ("abyecta" es su palabra) pero a mi parecer no solo funciona bien en la narrativa, sino que a diferencia de "Los colores..." al menos plantea una salida digna, con un testimonio completamente real e impactante de una persona que a pesar de perder la mitad de su cuerpo, sigue adelante su vida con entereza y humildad. El final planteado por Jairo Carrillo mostraba a la mamá de la niña pidiendo en los puentes, intentos de violación, delincuencia... Sé que esta es nuestra realidad, pero a riesgo de parecer ilusos, me sigue pareciendo más adecuado retratar a las víctimas como personas con fortaleza, dispuestas a asumir futuros retos, sin temor de lo que pueda ocurrir. Creo que eso inspira más al público que un final como el de "Los colores..." que nos deja amordazados y sin esperanza.

- Me parece muy bien que no hable del reto técnico de hacer un largometraje animado. A mi parecer la animación a veces parece "no ser cine", error típico de una sociedad que mira deslumbrada los avances técnicos y deja de lado lo verdaderamente importante que es producir arte de trascendencia.

Le hubiera agradecido al menos un comentario positivo. Ya que usted es crítico conmigo a través de la película en cuestión, le puedo decir que sus comentarios adolecen de balance. Estoy seguro que nuestra película no es, ni mucho menos, una obra maestra y yo mismo tengo muchos reparos al tema y al enfoque que se le dió, pero descartarla completamente, como he visto que hace con otras críticas, tampoco me parece adecuado. Al hacerlo, ud cae en otro de los errores de nuestra cultura, que se mueve entre Dios o el Diablo, herencia de un catolicismo peligrosamente oscurantista, o de una izquierda trasnochada que solo se mueve entre oprimidos y opresores.

Le agradezco la reseña de la peli en su blog

Un abrazo

Oscar Andrade
Codirector Pequeñas Voces

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

Oscar, mi comentario sobre Pequeñas voces es un comentario en caliente después de ver una proyección de la película fuera del país. Considero que esas reacciones son válidas pero no clausuran la obligación de los críticos, y mi propia obligación, de hacer futuros acercamientos a la película, en otras condiciones, a través de otros recursos, por ejemplo una entrevista con ustedes los directores. Si se fija mi invitación al final del comentario es a reflexionar in extenso sobre la representación del conflicto en este tiempo de las víctimas, un tema abierto y complicado como pocos. Espero que al momento del estreno eso esa posible. Un abrazo y me alegra por sobre todas las cosas que los comentarios así adolezcan de balance, lo cual es cierto, sean recibidos constructivamente.

Anónimo dijo...

Pedro

Claro, una entrevista estaría genial... cobramos poco ;)

Saludos y felicitaciones por el blog

Oscar

Dialoguista dijo...

Hola, llegué aquí por un enlace desde este blog: http://www.latarde.com/blogs/elgranojo/?p=441
Pondré esta crítica también en mi reseña, para que los lectores puedan venir a leer otras opiniones. Saludos!!!

Anónimo dijo...

http://13dfgsdfg57.com/