martes, 18 de octubre de 2016

Pariente, de Iván D. Gaona: "Yo solo quiero vivir tranquilo"

Willington, personaje central de Pariente, una película que usa actores no profesionales de la región en la que fue filmada: Santander.

En la década de 1920 se produjo y estrenó el largometraje Alma provinciana, que representó el paisaje cultural de Santander, con sus haciendas y élites terratenientes, y la interacción entre pueblos y ciudades, entre campo y metrópoli. Esa visión de la provincia, que marcó buena parte del primer cine colombiano, estaba atravesada por la idealización y heredaba del siglo diecinueve la fantasía de una Arcadia hispano-católica uniforme, cuyo garante de estabilidad era la religión y la distinción de clases. Campo y ciudad parecían términos antitéticos; así se colombianizaba la disyunción civilización-barbarie planteada por Sarmiento en Argentina. Ese cine conservador, nuestro cine silente de los años veinte, veía con sospecha, pero a la vez con anhelo, los síntomas de la modernidad. Las ciudades, con sus flujos caóticos, desajustaban el orden "natural" del campo donde cada cosa parecía tener un lugar estable. Pero las élites terratenientes eran a la vez esnobistas y soñaban con la gran ciudad, donde se cumplía el deseo de ascenso y ratificación social. Esa es la ambivalencia central que puso en escena el cine mudo colombiano.

Me resulta inevitable pensar en Alma provinciana al ver Pariente, el primer largometraje de Iván D. Gaona. Pariente es, entre muchas otras cosas, una película costumbrista, como lo fue en su momento Alma provinciana. (Y ya es hora de que le quitemos a la palabra costumbrismo su tono peyorativo). Es costumbrista porque extrae su fuerza y singularidad de una investigación en las costumbres y la mentalidad de una realidad determinada. Se suele pensar en lo costumbrista como un arte inocente y sin ninguna relación con tradiciones mayores o universales. Y nunca fue así. Tampoco en el caso de Pariente. El productivo choque de fuerzas que se da en esta película y que explica su originalidad y sus limitaciones consiste en someter esa voz de la provincia, con su aura de autenticidad, a las convenciones del cine y de uno de sus géneros mayores: el western.

Un género es la conjunción, siempre problemática e impura, entre un núcleo temático y unas convenciones estilísticas. El núcleo temático de Pariente es cercano en muchas de sus aristas a los cánones del western: comunidades pequeñas y aisladas sometidas a la amenaza de la barbarie o la violencia; una ausencia de ley y estado que produce, como consecuencia lógica, que el control quede en manos de unos pocos forajidos en armas. El primer gran acierto -y riesgo- de la película es leer la situación regional que se daba en el año 2005, en el contexto de las desmovilizaciones de paramilitares, en esa clave. Una comunidad emplazada en el departamento de Santander que asiste a la transición de un estado de cosas -el dominio paramilitar- a otro, la hipotética recuperación del poder estatal, pero que, en el interín, debe ver cómo se reajustan las fuerzas y cómo ese reajuste se lleva por delante la noción de comunidad, de parentezco y compadrazgo, en tanto el enemigo puede ser cualquiera, incluso el conocido. Esto daba, como no, para un western "puro" (o para una película de horror). 

Pero los géneros nunca son puros. Gaona quiere un poco más; Pariente es también un melodrama, en sentido estricto, con su exacerbado uso de la música y de los sentimientos y, por último, un cuadro de costumbres que le permite crear tipos sociales, como los descritos por uno de los personajes al final de la película: un asesino, un cobarde, un ladrón, una cualquiera. Entonces la película va y viene, no siempre con orden, de las peripecias de un grupo de "campesinos" que cobra las vacunas para luego entregárselas a los paramilitares, a los requiebros amorosos de uno de esos campesinos, Willington, que está enamorado de una mujer, Mariana, a punto de casarse con otro hombre. Y además, para terminar de contaminar la narración, Pariente describe y recrea, amorosamente, unos modos de vida regionales con su acento particular y único.

Es claro que las películas no tienen porque encarrilarse en una sola línea, pero cuando se toma la decisión de seguir varias, hay que ser consciente de lo que se pierde en la dispersión. Pariente sacrifica profundidad en la exploración de sentimientos como el miedo y la sospecha entre iguales que son, creo yo, la esencia de lo que quería contar, el tema, como se sugiere desde el propio título de la película. Además de la dispersión, hay otro recurso estético-narrativo que la define: la saturación. 

Recuerden quienes la vieron esa primera escena de la película donde los planos se multiplican sin demasiado criterio y donde se pasa de una estética clásica, en su intención de ubicar un mundo y unos personajes, a una moderna que nos hace conscientes, a través de los cortes, del juego de la representación. Se trata de un pecado venial de la película. El pecado capital de Pariente está en otro lado: el uso de la música. No me refiero aquí a la música diegética, que tiene una función narrativa clara y central, sino a esa música extradiegética sobrepuesta a los hechos, que en muchos casos tiene el efecto de trivializar la emoción y tapar el sonido interno de los personajes y de la atmósfera. Un ejemplo de esa trivialización es la música que se usa cuando vemos el cobro de las vacunas. Algo terrible y ominoso de la historia reciente de Colombia, se convierte en un video clip.


Western y melodrama, se combinan como núcleos temáticos y estilísticos de la opera prima de Iván D. Gaona.

Al final, Gaona logra unir hábilmente los hilos para que quede en el espectador la sensación de haber visto una sola película. Yo, en cambio, puedo decir que vi varias. La película que retoma nueve décadas después, la psique de una región, Santander, si se toma como referente a Alma provinciana. Claro, en la película de Félix J. Rodríguez todo estaba barnizado y reprimido, pero aun así se filtraban elementos costumbristas en estado puro, que en Pariente vemos trágicamente transformados. Es el caso de las figuras masculinas. En Alma provinciana se podía ser un hijo calavera o un señorito, los dos modelos de masculinidad alterna que la película propone, como confrontación a la figura del rico hacendado. En Pariente los hombres son tristemente unidimensionales. Son tontos del culo como Completo, o seres envueltos en la maquinaria de una guerra que no les pertenece. Esto no es un reproche a Gaona o a la película, todo lo contrario, ella nos transmite vívidamente la imposibilidad de desarrollar una masculinidad matizada en una Colombia en guerra. De otro lado, ver una ficción sobre la desmovilización de un grupo armado, las AUC, en estos momentos y ante el fracaso de los acuerdos de paz con las Farc, despierta sentimientos encontrados, una sensación de parálisis histórica, de tragedia circular.

Pariente es, en fin, una película llena de promesas y de intuiciones, pero algunas veces torpe en su ejecución. Sacudida en su interior entre la expresión autoral y el cuadro de costumbres donde la voz personal se borra para darle cabida a lo colectivo; entre el género transnacional -el western- y la expresión de lo provinciano. Disiento de la opinión de quienes la presentan ahora como el cine que hay que hacer, o como la alternativa a las películas "acartonadas" que tiene el sello de autor -y de festival-. Las búsquedas dentro de lo regional, además de ser viejas en el trayecto del cine colombiano, pueden caer fácilmente en la infantilización y el paternalismo, o en simple folclor de museo. No es el caso de Pariente, o por lo menos no siempre. La opera prima de Gaona es un salto cualitativo en la consolidación de su visión del mundo; el director de cortos como Los retratos y El tiple se encuentra con una provincia atravesada por lo siniestro, la misma de Forastero, que creo que es, entre todos, su trabajo mejor logrado. Ese horror, en mi opinión, no debió haberse cubierto como aquí ocurrió con música y otras arandelas. Pero ya lo harán otras películas.

Ver trailer:

https://www.youtube.com/watch?v=zNPYXAORzKc


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