sábado, 8 de agosto de 2015

"La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio": una respuesta a Santiago Andrés


Caspar David Friedrich, El caminante sobre un mar de nubes.

Le he dado muchas vueltas a la tentación de responder su "carta pública a dos críticos de cine" http://red-videoindependiente.blogspot.com/2015/08/carta-publica-dos-criticos-de-cine-1.html Con los años he aprendido a escoger mis batallas, y las que lo involucran a usted parecen perdidas de antemano. Tengo la convicción de que se encuentra temporalmente incapacitado para mantener unos mínimos de ecuanimidad y lealtad intelectual en los diálogos francos y abiertos que reclama con tanta vehemencia. Pero se trata esta vez de una carta pública y las cartas, por su propia naturaleza, aun las redactadas por un espíritu enfermo, merecen un acuso de recibo. Y mucho más si están llenas de inexactitudes y manipulaciones (como las que usted tanto reprocha a El Colombiano) que impiden distinguir la verdad de la mentira, y que tienen altas dosis de inquina y ruindad enmascaradas en un supuesto "gesto de reconciliación".

Permítame empezar por la ética, con usted que en los últimos años funge como el autoproclamado censor moral de todo cuanto yo hago (y de lo que hacen otros que somos víctimas de su manía persecutoria). Juego pues en sus propios términos. Es su sentido de la ética el que quiero cuestionar. Y voy a enumerar por primera y última vez una serie de hechos que nos incumben a usted y a mí, y que por torcidas razones han sido públicos. No sé si seguiré una cronología exacta, los enumero tal como se presentan a mi memoria.

1). Cuando usted me envió para que yo viera su Tratado sobre la mentira, el documental sobre las manipulaciones informativas de El Colombiano que bien sé que consumió durante buen tiempo sus esfuerzos y energía, me presionó con su habitual ansiedad para que habláramos sobre él. Mi primera impresión, poco articulada, se la expresé en una palabra que estaba lejos de ser un comentario público: "problemático". Una palabra que usted usó, sin consultarme, y citándome como fuente de autoridad, para promocionar el estreno del documental en el Café Otraparte. Y no dije nada.

Entiendo su frustración por el poco eco de este trabajo, pero lo invito a que, con la soberanía de su inteligencia, tome un poco de distancia y se pregunte qué hay en él de fallido, megalómano, ligero y paranoico, a que revise su propio papel en la narración y a que someta a prueba, como el científico social que funge ser, los inflamados argumentos que presenta como verdades absolutas e incontrovertibles. 


Ver Tratado sobre la mentira:


Es la precariedad del resultado y no el miedo a las represalias de El Colombiano, un inocuo pasquín donde medra lo más triste del espíritu reaccionario antioqueño, lo que en mi caso, me desanimó a hablar del documental. Para usted debe ser simbólicamente reparador interpretar el silencio en torno a Tratado sobre la mentira como una censura concertada de los críticos antioqueños. Usted decidirá si quiere seguir en el engaño. Yo simplemente le recuerdo que los críticos estamos en la plena libertad de escoger las obras que merecen nuestra atención o comentario. Lo invito a que saque otras conclusiones de nuestro silencio.

2). En su recuento de la discusión pública el día del debate de Iván Cepeda a Álvaro Uribe en el congreso, usted nuevamente amaña los hechos. Mi post en Facebook se lamentaba del triste espectáculo ofrecido en el congreso, cuando dos víctimas de la violencia, dos líderes, en dos orillas ideológicas distintas, se ensañaban en sus odios respectivos. Para mí aquello era la guerra por otros medios y no, como aseguró la izquierda bienpensante, un día histórico para la democracia. Usted dice que en su salida de casillas actuó en defensa de un colega y amigo, Lisandro Duque Naranjo, a quien yo estaba atacando en gavilla con un club de adictos o secuaces. Pero resulta que ese día, o más bien esa noche de nuestro descontento, fue Duque Naranjo quien me atacó a mí, escalando su lenguaje agresivo y pasando de decirme: "ya hemos tenido suficiente con soportar sus equivocaciones como crítico de cine para ahora tener que aguantar sus equivocaciones como comentarista político" hasta llegar a responder, ante un reclamo mío levemente irónico, con su  su frase lapidaria: "usted ya no crece más Pedro Adrián". Fue tan vergonzosa la actitud de Lisandro que al día siguiente, con los ánimos más reposados, pidió disculpas públicas, algo que usted jamás ha hecho aunque sus improperios contra mí han sido mucho más desproporcionados. Me imagino que a eso se refiere cuando habla de "intolerancias tan enormes y ataques tan bajos" en la familia del cine. Frente a esos ataques suyos, tan frecuentes, rara vez he dicho algo.

La agresividad de Lisandro Duque era entendible dentro de un forcejeo que ambos hemos tenido desde largo tiempo atrás, pues yo considero y me sostengo en ello, que sus películas, como las de Luis Alberto Restrepo, entre otros, representan lo "viejo" del cine colombiano, una tradición anclada a un ingenuo compromiso político, a un lenguaje televisivo y explicativo, a un abuso de lo literario. Usted Santiago, puede no compartir mi opinión, pero no tiene la capacidad de impedir que la exprese y menos aún de obstruir el sencillo hecho de que muchos estén de acuerdo conmigo.

3). En su "ataque salvaje a la crítica miope de Medellín" http://maderasalvaje.blogspot.com/2014/12/ataque-salvaje-la-critica-miope-de.html usted nuevamente me convierte en el centro de sus argumentos. Pero para atacarme echa mano de supuestas frases mías citadas de memoria, y mal, utiliza conversaciones privadas como públicas (de lo cual también fue víctima Fernando Arenas, como lo hizo saber él, en una red social, el día de la publicación de la citada carta) y desubica históricamente las discusiones (como aquella sobre La vendedora de rosas) para hacer ver un cambio de opinión mío, mediado por los años transcurridos en torno a la película de Víctor Gaviria, como una prueba de inconsistencia. Ahora, en su carta pública, reclama que los críticos aceptemos los errores, seguramente para usar nuestras retractaciones (en este caso las mías) como nuevo combustible para mantener su paranoica vigilancia, que alcanza a muchos colegas y amigos pero nunca a usted mismo. Tampoco respondí su ataque salvaje. 

4). En los días más álgidos del debate sobre el matrimonio igualitario, y en momentos en que ni siquiera éramos amigos en Facebook, usted publicó en su muro un comentario oportunista e indelicado, diciendo que una de las cosas que más admiraba de mí era la libertad con la cual había hecho pública mi vida afectiva. Mi intimidad Santiago, he decidido compartirla con unos pocos buenos amigos. Respecto a los debates y demandas de la comunidad elegebeté (para empezar dudaría de que se trate de una comunidad) y después de unos pocos años de torpe y descuajada militancia, soy bastante escéptico. Y desconfío de quienes hacen un uso político de su sexualidad. Déjeme decidir a mí cuándo entrar y salir del clóset. Hasta hoy no había dicho nada sobre la atribución que usted se tomó, a pesar de lo mucho que me sorprendió.

5). La última de sus proverbiales salidas de casillas fue la mañana en la cual, en mi muro, republiqué la carta del profesor Selnich Vivas en relación con El abrazo de la serpiente. Su reacción a un comentario mío presentando la carta fue de una virulencia que tratándose de usted, tampoco esta vez me extrañó. En el comentario solo manifestaba mi malestar porque en muchas de las recensiones acerca de la película de Ciro Guerra se insistía en el Amazonas como una reserva espiritual, algo que existía para la redención de los no indígenas y me preguntaba dónde estaba en toda esta discusión el Amazonas de los propios indígenas. Aún resuenan en mí su "usted no es nadie", "cállese de una vez" y dictámenes parecidos. Acto seguido me envió un correo electrónico francamente amenazante asegurando que lo haría público y sentenciando que yo no me iba a salir con la mía. Era tal el tono, tan desmesurado el odio que reflejaba, tan sutil pero a la vez real la amenaza, que lo conservo casi como si se tratara de una prueba judicial. Reenvié el correo a varios amigos y todos me recomendaron que en cualquier caso, no entrara en su lógica violenta. Que, en fin, no contestara. Tampoco esa vez dije nada. 

Hoy pico el anzuelo y rompo el silencio porque su carta pública desborda los límites de la decencia (ni siquiera menciono la supuesta amistad), intenta llenarme de lodo y quiere hacer prevalecer como verdad su visión sesgada de algunos hechos. Uno en particular no deja de asombrarme. Afirma que el día del encuentro nacional de realizadores en el Festival de Cortometrajes de Medellín, y como reacción a un comentario suyo sobre Tratado sobre la mentira, yo me llevé el dedo a la boca para pedirle que se callara. Esa interpretación de un gesto habitual en mí al único que pone en ridículo es a usted mismo. 

Quienes me conocen saben que en toda mi vida profesional he intentado abrir medios de expresión, facilitar los debates, renovar las voces que participan de ellos. Así fue en el inolvidable "Imaginario" de El Mundo, en la revista Kinetoscopio, en Extrabismos y ahora en este blog. Usted mismo se ha beneficiado de ese compromiso mío con la pluralidad de voces, que no implica de ningún modo que tenga que estar de acuerdo con todas ellas, o que eventualmente no las rebata con vehemencia. Cuando en calidad de programador de salas o festivales, de miembro del Comité de Clasificación de Películas, de curador de espacios televisivos, de jurado en concursos, he actuado como filtro, lo he hecho dentro de unas reglas de juego dadas, y aceptadas por ambas partes. Presentarme como un amigo de la censura es una grotesca caricatura que por fortuna sé que ni usted mismo se cree.

Ahora que en su segunda carta se presenta como un adalid de la independencia frente al mercado http://red-videoindependiente.blogspot.com/2015/08/carta-publica-dos-criticos-de-cine-2.html convendría que recuerde su actitud ante la crisis de Kinetoscopio en 2006. Después de armar, junto conmigo, lo que El Colombiano llamó el "zaperoco" en la relación del Centro Colombo Americano con su histórica revista de cine y los intentos de cambiarle su orientación editorial, usted, poniendo por encima unos ciertos ingresos económicos frente al compromiso con unas ideas, fue a postularse como mi reemplazo en el trabajo como editor -cosa que terminó por no ocurrir- abriendo el camino para el final de la crisis que nosotros mismos provocamos. Respeté su decisión. Pero le pregunto dónde quedó en ese momento su tan proclamada congruencia. 

He hecho en esta carta algunas de las mismas cosas que critico. Bajo a su nivel. Me revuelco en su mismo lodo. Quizá ese descenso sea el precio que hay que pagar por ver alguna luz, por asomarse a una claridad provisoria. Soy su sombra Santiago: todo lo que le resulta intolerable en sí mismo lo ve en mí. Admiro su inteligencia, aunque sé que es su peor enemiga. Debería ponerle, de vez en cuando, un freno a sus emociones. Todos saldríamos ganando. 


5 comentarios:

Santiago Gòmez dijo...

Solo indicaré una de varias cosas: claro que te consulté para usar el término "problemática". Y bueno, otra, por el mismo lado: mi insistencia para hablar se debió al entusiasmo con que acogiste la idea de iniciar una correspondencia sobre el tema, pero bueno, Pedro... Era tu respuesta y ahí la dejaré.

Anónimo dijo...

Lástima que por estos enfrentamientos entre críticos o realizadores,-llevadas a terrenos personales-, se pierdan oportunidades valiosas de colaboración futuras para debates más valiosos entre disciplinas. Esto aisla al cine en todo aspecto. Si esto ocurre en el medio del cine, ni hablar de lo que pasaría al entrar en roces con representantes de otros saberes en los que también hay egos, vanidades, traiciones, abusos de confianza y demás bajas pasiones.
Es una pena que por enfrentamientos como éste, quizás la audiencia se pierda por ejemplo una posible participación más activa de Pedro Adrian en la franja cine de canal capital cuando éste está siendo dirigido actualmente por Lisandro y que por desaveniencias personales prime el bien común de la censura sobre el bien común que es el debate público. Esperemos que no sea el caso y que aunque se hayan sacado todos los trapos sucios, prime la voluntad de llevar a cabo debates de altura en cualquier contexto dentro del canal y su franja, la cual, bien pensada es una oportunidad valiosísima dentro de la historia del cine de este pais. Y ojala haya crítica más fuerte y argumentada en estos espacios de la franja porque hasta el momento solamente ha habido palmaditas en la espalda y divulgación sin refexión posterior a la visualización.

Anónimo dijo...

Qué desafortunado. Con esto todos perdemos. Sinceramente no creo que venga al caso dedicarle espacio a este tipo de controversias que hacen de la Pajarera del Medio algo más parecido a la Cotorrera del Medio. Venía hoy a mirar si Pedro Adrían habia publicado algo concerniente a la última película colombiana en cartelera, Antes del Fuego, seleccionada en la última versión del Festival de Cine de Cartagena, pero me encuentro con esto.
¿Tendremos alguna crítica sobre la película? ¿O el hecho de que Pedro Adrián haya sido curador de la selección del FICCI se lo impide?
Luego de verla, habría que decir que es una película más cercana al telefilm, pero que deja mucho que desear en su construcción narrativa y - aún más problemático- en lo que pretende "ahondar" o "analizar" respecto a la toma del Palacio de Justicia, como hecho histórico determinante. Hay un dejo de ingenuidad, no solo en el proceder de los personajes, sino en que la película no dice nada nuevo y se queda corta en muchos niveles. Lástima, la vi principalmente porque su guion es escrito por Mauricio Cuervo, cuya película Crónica del fin del mundo me sorprendió gratamente. Es desafortunado el uso de las imágenes de archivo que en varias ocasiones se usan para ilustrar de manera obvia, e incluso irrespetuosa con la inteligencia del espectador, lo que se dice. Un personaje dice militares, gobierno y a continuación vemos imágenes de archivo de militares y gobierno. ¿Para qué la reiteración?
Me temo que en manos de Cuervo resulte más interesante ver una película sobre los 19 días siguientes a la toma del Palacio y no una película sobre los 19 días anteriores a la toma. Poca reflexión que sí se veía en Crónica del fin del mundo. La directora, Laura Mora parece estar dirigiendo un capítulo de televisión más de las series que dirige.
¿Tendremos comentario, crítica o reseña de Pedro Adrián sobre Antes del fuego?

O.G

Pedro Adrián Zuluaga dijo...

O.G: le agradezco su interés, así como los comentarios sobre ANTES DEL FUEGO. Estoy casi totalmente de acuerdo con lo que dice. Va a ser interesante cuando se estrene LA SIEMPREVIVA de Klych López y se haga realidad un proyecto de Alexis Durán, ver un corpus de tres películas, hechas desde perspectivas muy distintas, sobre ese acontecimiento central de la historia colombiana reciente que fue la toma y retoma del Palacio de Justicia. Con frecuencia las películas son como árboles familiares (algo que intente expresar en mi reseña sobre LA TIERRA Y LA SOMBRA) con insoslayables vínculos internos. En relación con la otra parte de su comentario, asumo que los blogs, por su propia naturaleza, permiten un tipo de escritura muy personal, y liberadora con respecto a los condicionamientos, la corrección política y las tenazas editoriales -de espacio tanto como de lenguaje- de los medios masivos. En este blog se han analizado con frecuencia, no solo las películas colombianas, sino los contextos de producción de las mismas, en un contexto muy amplio. Los críticos hacemos parte de ese paisaje, no somos únicamente productores maquinales de textos para alimentar la cadena industrial. Hablamos desde lugares (e ideologías) que a veces es justo y necesario esclarecer. Este tipo de esclarecimientos, y esta última entrada en particular, pueden tener un interés muy acotado (aunque hay suficientes hechos que exceden lo personal), pero siempre el lector puede pasar la página.

radio neblina dijo...

Siendo reduccionistas, digamos que el papel de la gente que se gana la vida hablando de cine, es deslegitimar todo lo que huela a establecimiento. No se echen agua sucia entonces por sobrevivir.