sábado, 1 de septiembre de 2012

"Not in my name". Un viaje personal por películas, eventos y momentos de la cultura LGBT


Con unas pocas modificaciones, esta fue la ponencia presentada el pasado 22 de agosto en el auditorio Jaime Hoyos de la Universidad Javeriana, en la jornada inaugural del Ciclo Rosa Académico 2012 "Representaciones rosa: imágenes, narrativas y performatividades".

Para Daniel Rodríguez-Vidosevich, porque pasan los años y sigues ahí

La esfera pública que nos rodea, aquí y ahora, y en la que medramos con distintos grados de adecuación o rechazo, está invadida como un cuerpo afectado por el cáncer por la proliferación de relatos del yo. ¿Se trata del “espacio biográfico” nombrado por teóricos como Lejeune o Leonor Arfuch? ¿O de un nuevo contrato o pacto social -un pacto autobiográfico- que legitima los enunciados en primera persona, o incluso, en casos extremos, los considera como la única inscripción posible (y sincera) en la trama de los discursos?

En las múltiples intervenciones de lo subjetivo en lo público, algo parece tratar de afirmarse y hacerse sólido: gestos que intentan no desvanecerse en el aire. Como si a la fugacidad de la experiencia opusiéramos lo permanente de las palabras y las imágenes. Como si la “ilusión de eternidad” (Lejeune) no contará más que con la universalidad del relato (Barthes), en ausencia ya asumida de otras ideas trascendentes.

Diarios, entrevistas, perfiles, retratos, historias de vida, Facebook, realities, talk shows, cartas, literatura testimonial de la alta y la baja cultura, revelan una obsesión colectiva por no perderse en lo indeterminado, por delinear el afecto y la intimidad. No importa si, al decir de Hanna Arendt, “lo único que (ahora) tenemos en común son los intereses privados” (1).

 Not in my name. Un viaje personal por películas, eventos y momentos de la cultura LGBT” es, en este sentido, un intento más de relato biográfico a tono con los tiempos, donde trato de que el cine y la cultura encajen en mi propia vida, y en concreto, en la aceptación personal de una diferencia, de esa diversità amenazada por el peso ciego de la tradición, por la homologación vertical o por el fascismo, de los que tanto hablaba el gran Pasolini, como marca de su propia vida, pero que están lejos de quedarse solo  “allá lejos y hace tiempos”.  

Pier Paolo Pasolini, asesinado por el culo
 Contrario a un cinismo demasiado extendido para no ser sospechoso, yo creo que la cultura, el arte, la creación, son los únicos espacios posibles donde se concretan las formas de la libertad humana. Puede que lo que sigue sea más lo que ahora se suele llamar una biografía intelectual, y si así fuera, estoy dispuesto a creer que estamos hechos de lecturas y trabajados por los discursos, y que las ideas –o incluso la ideología con su traza de falsa conciencia- tienen soberanía sobre el mundo. Y ya no opongo resistencia. En el caso concreto de las películas, es visible como se robustecen  actualmente los estudios de recepción. Ya no importa solo que las películas existan. Tan importante como ese hecho es comprender qué hacemos como espectadores con el cine, con qué lecturas normativas o perversas nos apropiamos de las películas y con qué estrategias de identificación o rechazo nos relacionamos con ellas.

La imagen de un espejo retrovisor (Serge Daney)

Voy a aplicar pues un espejo retrovisor para buscar saber y explicarme a mí mismo, cómo me afectaron ciertas películas, eventos y momentos que hacen parte del autorreconocimiento de las personas elegebeté en el corto tránsito de dos décadas, especialmente de una, los noventa, con sus hechos fundacionales, y cómo encontré en ese repertorio cultural los indicios de mi propio destino.

Crecí, para empezar, en un pueblo que como tantos otros que hacen parte del reguero de la colonización antioqueña, tiene las tres efes, de las que se burlaba don Tomás Carrasquilla, soldadas a su espalda. Un Santuario feo, frío y faldudo, reciamente conservador, conventual y mojigato, con sexo en sordina y mucho amor que no se atrevía a decir su nombre. Como si una edad media de los tiempos se hubiera instalado allí para siempre. Así que a los 18 años yo tomé como Dorothy el camino de baldosas amarillas hacia mi propia idea de liberación, en busca de la ciudad esmeralda del mago de Oz.

Pero en cambio fui a dar una ciudad verde y roja, del verde de los árboles y las montañas, del rojo del ladrillo y de la sangre. Era 1991 y esta ciudad, Medellín, era sacudida por grandes oleadas y movimientos, por los efectos de nuevas colonizaciones y modernizaciones, violentas y a destajo. Apenas unos meses antes, alguna parte de la ciudad institucionalizada se había enfrentado a un asombro ético y estético de grandes proporciones: una película apenas audible dirigida por un joven director de poco más de treinta años, que mostraba un mundo nuevo de desprecio a la vida y amor al instante, y que reveló como la música –casera, rudimentaria, aunque influida por la cultura internacional de masas– era un único punto de encuentro antes de la cita ineludible con la muerte.

Hablo de Rodrigo D., de Víctor Gaviria, la opera prima de un poeta sensible a las palabras menores y a las voces de la tradición, y atento como pocos a sus trampas. En Rodrigo D. estaban las señales vivas de una cultura patriarcal en crisis y mutación, y cualquiera podía leer en ella como el oro de la tradición se había convertido en los detritus del ahora.
 
15 años antes, el pequeño libro de un artista y poeta había nombrado por primera vez y sin disimulo el amor entre hombres, poniéndole cara y rostro  a lo que otros escritores de la villa como Porfirio Barba Jacob en sus poemas o Jota Restrepo en un insólito relato llamado La novela de los tres, habían delineado herméticamente, camuflando la agonía erótica en la tradición de la amistad masculina o el amor griego.

Te quiero mucho poquito nada, historieta, de Félix Ángel es, como lo escribí para el reciente especial de Arcadia que la sacó de su virtual olvido: “(una) novela de formación y (una) declaración de amor y odio. Amor a Pipe Vallejo: 'Hombrecito-niña-niño-cacorro… Monstruo entero niñomediobello'. Odio a Medellín y su gazmoñería. Se publicó en 1975, ilustrada con dibujos del propio Félix Ángel y con un tiraje de mil ejemplares firmados por el autor. Por escandalosa, fue retirada de todas las librerías de la Villa, menos de la librería Aguirre. Desapacible, experimental, armada a retazos y con un narrador que prueba todos los puntos de vista. La novelita de Ángel se atrevió, de forma pionera, a nombrar un deseo que no tenía voz” (2).

Vituperado por la parroquia paisa, Ángel tomó el camino del exilio y se refugió en un desprecio  altanero a su ciudad, en el áspero odio donde se encierran el amor y la nostalgia. Sí, el exilio, el consabido exilio que antes de él le correspondió a Barba Jacob, el destierro no por voluntario menos sufrido que en los mismos tiempos eligió Fernando Vallejo para escribir, en la distancia y la evocación, su Fuego secreto. Ya lo decía Alberto Aguirre, en Medellín no hay inteligencia que no se desarrolle en Otraparte, como bien lo supo Fernando González, a la enemiga, de espaldas al lucro, el ahorro, la acumulación, el capital que rigen esas existencias tan primorosamente descritas por don Tomás Carrasquilla. Valor de cambio, reificación, fetichismo del dinero y de la mercancía, capitalismo anómalo si es que alguno no lo es. El oro de la tradición que se transmuta en la mierda de hoy.

Serge Daney, muerto de sida
Vidas como la de Barba Jacob fueron y se eligieron, en cambio, como pura fugacidad y desperdicio, destinos que prefiguran a los sicarios de Rodrigo D. o de La Sierra. Pero esas existencias del puro presente, con su inevitable pulsión de muerte, son también afirmaciones vitales, energía pura, ya sea en la razón o en la poesía, en el pensamiento o en la acción.

El don de la vida (de Pipe Vallejo a Fernando Vallejo)

Y ahora voy a hablar del don de la vida, y empiezo como Vallejo a borrar de una libreta los muertos que me dan vida, en los que crezco y me afirmo, porque “¿qué es un individuo sino un usurpador? ¿Qué significa el advenimiento de la conciencia sino el descubrimiento de los cadáveres a mi lado y mi terror de existir asesinando?” (3). Y hablo de muertos porque es claro que esto no es color de rosa.

Hablo de los que se fueron, pero empiezo por quienes se quedaron. En los años setenta y ochenta, algunos decidieron permanecer y pulsar con  fuegos incandescentes  las buenas conciencias de Medellín. Uno de ellos, León Zuleta, practicó una extraña mezcla de freudomarxismo, más bizarra aún que la del otro Zuleta, Estanislao, y propugnó por una revolución sexual-política. En libelos como El cocodrilo insurgente, del cual se publicaron cuatro números, La carreta libertaria o el periódico El otro (1977-1979), o en las búsquedas de la otra conciencia a través de los hongos, la marihuana o la amanita muscaria, cuyas visiones se concretaron en libros como Bazuco street. La calle de los juegos artificiales, Zuleta practicó una escritura experimental y barroca, siempre conectada con la invención de nuevas formas de vivir y amar. La escritura no estaba separada de la propia existencia. Zuleta escribió para vivir, vivió para dejarse marcar y matar. Y lo mataron en la madrugada del 22 de agosto de 1993, hoy hace 19 años.

También mataron al dramaturgo y escritor José Manuel Freidel, otro huracán, otra borrasca que se extenuó en una intensa escritura teatral y dramatúrgica con su grupo de la ex Fanfarria. El 28 de  septiembre de 1990, Freidel salió del bar Catrú en la Avenida La Playa entre carreras 42 y 43 y subió a un carro desconocido. “Horas después lo encontraron muerto. Nadie se atribuyó el crimen. En su prolífica obra teatral, esa muerte estaba prefigurada. ¡Ay! ¡días Chiqui! es el monólogo de un travesti que teme salir en las noches: intuye que puede ser objeto de la limpieza social. Pero el señuelo del amor lo lleva a la cita con su destino. Esta pieza de Freidel es teatro urgente, denuncia, acusación por la muerte de más de doscientos travestis en la Medellín de mediados de los ochenta. La obra ha seguido vigente con nuevos montajes y el odio y la violencia también” (4).

Y cito el blog “Una hoguera para que arda Goya”:

La Medellín del teatro de Freidel se corresponde con aquella que alude los ensayos de María Victoria Uribe: ‘en 1990 el 17% de los jóvenes que tenían entre 12 y 19 años, es decir, unos 64.000, ni estudiaba, ni trabajaba, ni buscaba empleo. Medellín presentaba el índice de escolaridad más bajo. El nivel de escolaridad era del 100% para el estrato alto-alto, del 88% para el alto-medio, del 53% para el bajo-medio y del 38.3 % para el bajo-bajo. En los exámenes de estado se encontró que Medellín estaba por debajo de la mayoría de las capitales de departamento. La baja escolaridad y el desempleo propiciaron que gran cantidad de jóvenes permanecieran sin oficio y sin estudio, dispuestos a salirle al paso a cualquier oportunidad de ganarse unos pesos. El sector más golpeado por la violencia fueron los jóvenes’.  En ‘Informe por la vida (Medellín 1993)’ leo que cuarenta mil fueron asesinados en diez años. Entre 1990-1991 la guerra se ensañó especialmente contra jóvenes que pertenecían a grupos culturales, teatreros y líderes sociales. Cuerpos civiles de seguridad (el F2, el DAS, la Sijin, la Dijin, el Únase, el Bloque de búsqueda) fueron acusados de dichos crímenes. Algunos altos oficiales, ante micrófonos, como un coronel de apellido Bahamón, declararon: ‘la retaliación por la muerte de policías fueron las matanzas colectivas’. Otros suboficiales, lejos de micrófonos, justificaron las muertes: ‘es que a través de los líderes y de los teatreros se adoctrinaba, se organizaba y se coordinaban las oficinas de sicarios y las milicias urbanas’ (5).

¿Alguien se sorprende de que hoy pasen cosas parecidas en la bella villa y que maten líderes culturales y músicos de hip hop? Solo que en aquella época, “allá lejos y hace tiempo”, aquello se aceptaba, mientras hoy se tapa con millones de pesos en publicidad empeñada en defender el buen nombre.

A Freidel lo mataron en 1990, a León Zuleta en 1993. ¿Crímenes sexuales o pasionales? ¿Crímenes de odio? ¿Delitos políticos? Los tiempos de la muerte de Pasolini revivían aquí y ahora. Cito un texto de Juan Camilo Rengifo, publicado en el periódico universitario De la Urbe y que se llama “¿Por qué a usted señor Zuleta?”:

Del puñal que lo despojó de su vida aún no se sabe nada; de las manos que lo empuñaron, menos; del odio con que lo hicieron, sí. De ese se sabe que sigue proliferando en la sociedad. Su muerte fue imprevista pero predecible por las constantes amenazas que lo acechaban. A usted le propiciaron más de veinte puñaladas la madrugada del 22 de agosto de 1993 en su apartamento, su asesino quería matar y volver a matar su cuerpo (“Matar, rematar y contramatar”, como diría María Victoria Uribe en uno de sus ensayos donde trata de explicarse la tanatomanía nacional). 

¿Por qué a usted, señor Zuleta? ¿Por ser homosexual? ¿Por ser de izquierda? ¿Por sus borracheras? ¿Por su consumo de marihuana? ¿Por qué a usted, señor Zuleta? ¿Acaso por ser fundador del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia, o por promover la primera marcha gay del país en 1983, o por haber hecho parte de la Juventud Comunista (JUCO), o por haber trabajado en el Instituto Popular de Capacitación y en la Escuela Nacional Sindical? Usted que fue filósofo, profesor, intelectual, poeta; que llegó a ser ángel, demonio, luz, sombra, se convirtió en un referente político y académico, empecinado en los Derechos Humanos y fiel amigo de los sectores sociales. Usted, un hombre de “noches intensas”, que comenzaban en el bar Serenata o en cualquier otro ubicado en las calles del centro de Medellín, lejos de la farándula y con la compañía de Piedad Morales. Frecuentes borracheras que iniciaban después de las seis de la tarde y que al igual que Piedad se esfumaban a media noche para dar paso a los consumos de marihuana, al disfrute de lo erótico, a la libertad total del cuerpo.

Usted que quién sabe cuántas veces escuchó las palabras marica, cacorro, dañado, torcido, anormal, pirobo, pecador, roscón, galleta; usted mismo que quién sabe cuántas veces contestó con besos, risas pícaras, sensuales caricias y descarados coqueteos; usted, que somos todos, que quién sabe cuántas veces fue callado, cuántas veces fue golpeado, burlado, insultado, negado, olvidado, asesinado.

Usted que amó al hombre hambriento, a la lesbiana, al policía, al transgenerista, a la mujer vulnerada, al marica, al prisionero de la calle, al homosexual, a la prostituta, al de altos ingresos, al hombre corrupto, al individuo ignorante, al marihuanero, al obrero, al borracho; que caminó con los sindicalistas, las feministas, los comunistas, las juventudes; que respetó al otro, al que le era diferente, lo escuchó, lo entendió, lo amó; que se empecinó con los Derechos Humanos; que se condenó al amor y lo condenaron al rechazo; que se convirtió en un demonio por no comulgar con el patriarcado, con el sistema, con el autoritarismo y la exclusión; fue entonces el hereje al que odiaron, expulsaron, desterraron, exiliaron, asesinaron, silenciaron (6).

A Zuleta lo mataron en 1993, cuando ya otro poeta maldito se vivía muriendo en una Medellín de noches interminables que desafiaban el toque de queda tácito y las mil y una formas del miedo. Ahí lo encontraba a veces, a Raúl Gómez Jattin,  aterrorizando jovencitas y seduciendo efebos, en el bar La Arteria –que digo bar, un parqueadero con acera en la Avenida La Playa, entre carreras 42 y 43, muy cerca de donde Freidel tomó el carro de su muerte–. ¿Cómo pudo alguien tan feo y desgreñado, como Gómez Jattin, convertirse en un símbolo de la cultura gay en Colombia, ser citado en los cocteles de la aristocracia cultural y ocupar un lugar de privilegio en sus bibliotecas,  y escribir elaborados poemas de amor a los muchachos? Solo muerto, remuerto y recontramuerto, arrasado por un bus en la noche, tirado en la calle, solo. Ay Cartagena, Ay Medellín, Ay Días Chiqui, Ay León, Ay Freidel, Ay Raúl, arde Raúl en el infierno de tu fuego, pues solo los muertos tienen paz.

Paul Bardwell, muerto de cáncer
A Paul Bardwell lo mató un cáncer en 2004; se lo llevó en pocos meses, en los que pasó de ser un gigante lúcido y optimista a un junco adolorido y apagado, ni siquiera pensante, sino alucinado. Fue un gringo llegado a Medellín en 1977 y proveniente del corazón blanco de Norteamérica, de los wasp de Massachusets que él, con condescendencia y humor, consideraba mientras estuvo vivo, una minoría exangüe.  En 1989, un terrorista lo abordó en la puerta del Colombo y le exigió evacuar a los estudiantes que tomaban clases de inglés. En pocos minutos, quedó destruida la biblioteca y buena parte de las instalaciones de la calle Maracaibo. Paul resistió sin resentimiento, fue en contravía con dulzura. Unos meses después inauguró la primera sala de cine, gestionó exposiciones de arte colombiano en Estados Unidos, fundó la revista Kinetoscopio, comprometió y coordinó ciclos de cine y películas que formaron a una generación de espectadores, “le devolvió el amor por el cine a Medellín”, como dijo de él crítico Luis Alberto Álvarez. Amó de la ciudad su dificultad, su dogmatismo, su violenta ebriedad, su entusiasmo, su capacidad de desbordarse.

Para oponerse a una cultura de la homologación, estandarizada y monótona, Paul Bardwell masticó con insistencia, dentro del Colombo, una flor exótica: el multiculturalismo. Nunca supo definir muy bien de qué se trataba porque no fue un hombre de conceptos. También en esto iba en contravía. Jamás una discusión ideológica, nunca el pantano de la demagogia. Siempre la acción que transformaba todo a su alrededor.

En las salas del Colombo Americano se vivieron momentos fundacionales de convocatoria cultural, que congregaron al círculo elegebeté, antes incluso de que osáramos llamarlo con tan incluyentes siglas. Voy a detenerme en tres de ellos para ponerle una pausa al trabajo de la muerte.

En 1993 o 94, un ciclo de Rainer Werner Fassbinder mostró gran parte de la obra angustiada y abstrusa y la “difícil ternura” de este genio del Nuevo Cine alemán. Los atormentados héroes de Fassbinder pagan caro el amor y reciben desprecio y traición como moneda de cambio del afecto que entregan. Erwin-Elvira, el personaje de Un año con trece lunas, se ha hecho una operación de cambio de sexo por amor a un cínico especulador de construcción que después la desprecia. Convertida en un bulto de carne gorda y deleznable, para ella misma y para los demás, Elvira recorre parques y descampados en busca de una caricia que le devuelva su humanidad perdida, y hace un viaje hacia la recuperación de sus afectos pero solo recibe golpes y humillación. Su única salida es el suicidio. Esta sinfonía del sufrimiento no es únicamente una película sobre un transexual sino la inmersión en las entrañas de un dolor universal. Pero también es un filme capaz de mostrar las formas particulares de traición que definen el amor entre hombres, la violencia erótica, el deseo que se transforma en odio en una misteriosa línea de continuidad. Esta y otras películas de Fassbinder con su regodeo en el melodrama, sus excesos de sangre, sudor y lágrimas fueron también una educación sentimental para toda una generación de gays, lesbianas, transgeneristas y transexuales. Llegaron a su tiempo, cuando los referentes más frecuentes eran filmes finalmente conciliadores como Las cosas del querer de Jaime Chavarri, o las películas de Almodóvar en las que se reconoció toda una generación.  y apenas han sido superadas

En el 94 o 95, un ciclo del británico Derek Jarman, traído al país por el British Council, no poco tiempo después de su muerte, convocó enormes filas al ingreso de la sala 1 del tercer piso del Colombo Americano. ¿Qué imagen proyectada de nuestro infortunio reconocíamos en la imaginería desbordada de Jarman, la misma que termina en el monocromático y melancólico azul technicolor de Blue, su testamento cinematográfico? ¿Por qué tanta necesidad acumulada de releer la cultura occidental y algunos de sus íconos –Jesús, Shakespeare, Wittgenstein, San Sebastián- en una perspectiva maricona? En mi memoria siempre aquella letanía que se escucha en The Garden, esa mezcla de misticismo cristiano en clave de opresión gay y de lucha contra el sida:

Quiero compartir
este vacío con ustedes.
No llenar el silencio con notas falsas.
Quiero compartir
esta desolación del fracaso.
Los otros les construirán expresamente
carreteras en ambas direcciones.
Yo ofrezco un viaje
sin dirección,
incierto
y sin una conclusión dulce.
Cuando la luz se desvaneció,
fui en busca de mí mismo.
Había muchos caminos
y muchos destinos.
Poco después, algunos hombres
que estudiaban las estrellas
vinieron de oriente a Jerusalén
y preguntaron:
¿Dónde está el bebé
nacido para ser rey de los Judíos?”

Hola a todos.
Hoy es el día de la tarjeta de crédito.
Todos sus sueños
se llevarán a cabo.
Aquel hermoso Ferrari, el adorable
apartamento en la ciudad y chicas guapas.

Así como Judas.
¡Judas es hermoso!
¡Oh, mira, todos sus sueños se harán
realidad con las bellas tarjetas!
Gracias, gracias,
Judas, gracias...
Gracias, gracias...

¡Desterrar el negro, quemar el azul
y enterrar el beige!
A partir de ahora, chicas...
Piensen en rosa, piensen en rosa
al hacer las compras de verano.
Piensen en rosa, piensen en rosa cuando
busquen alguna cosa.
El rojo está muerto, el azul pasado,
el verde es obsceno y el marrón un tabú.
Y no hay la menor excusa
para el púrpura o el vino,
o el chartreuse.
¡Piensen en rosa! Olviden el Dior,
 es un color negruzco y oxidado.
¡Piensen en rosa!
¡Piensen en rosa, piensen en rosa en
el largo camino que tienen por delante!
¡Piensen en rosa! ¡Piensen en rosa
y el mundo quedará rosado!

Me paseo por este jardín
de la mano de amigos muertos.
La vejez llegó rápido para
mi congelada generación.
Frío, frío, frío,
murieron tan silenciosamente.
La generación olvidada gritó,
¿o iba llena de resignación,
protestando en voz baja con inocencia?

Frío, frío, frío,
murieron tan silenciosamente.
No tengo palabras, mi mano temblorosa
no puede expresar mi furia.
La tristeza es todo lo que tengo,
sin palabras.
Frío, frío, frío,
moristeis tan silenciosamente.

Manos unidas a las 4 de la mañana, en la ciudad profundamente
dormida
nunca oíste la dulce canción
de la carne

Frío, frío, frío,
murieron tan silenciosamente.

Mateo se folló a Marcos, que
Se folló a Lucas, que se folló a Juan
que yace en la cama
en la que yo yazco.
Tócame otra vez
mientras cantan esa canción.
Frío, frío, frío,
morimos tan silenciosamente.
Mis claveles, rosas, violetas azules...
Dulce jardín de placeres desvanecidos.
Por favor,
vuelvan el año que viene.
Frío, frío, frío,
morí tan silenciosamente.
Buenas noches, muchachos. Buenas noches, Johnny.
Buenas noches, buenas noches (7).

Ah, Jarman murió de Sida, como tantos otros menos célebres que él que murieron más silenciosamente, en horribles mazmorras de vergüenza y soledad. (Como murió de sida Fernando Molano, imprecando a la muerte en un humilde volumen de poemas Todas mis cosas en tus bolsillos, sobre el obstinado deseo de vivir y de amar: "¿Qué quiere conmigo esa señora?"). De la reinvención de la amistad masculina, del amor sin ataduras y exclusivismos, del rompimiento de los vínculos con la familia y la pareja burguesa  se llegó a una última forma de romanticismo y camaradería, pero en la desgracia. “Libertad, igualdad y fraternidad…en la muerte”, como agregaría Dostoievski.

"Es el fascismo, ¿terminamos aquí?" (Serge Daney)

Sí, quizá el sida fue el precio de una ciudadanía más cara, para citar las palabras de Susan Sontag sobre la aureola de iniciación y genialidad que rodeó a algunos muertos de tuberculosis. Pero Hollywood tomó nota y de forma oportunista convocó a uno de sus grandes íconos, Tom Hanks, para darle cuerpo a un enfermo de sida en Filadelfia, la tierra de los padres de la independencia americana. Y después empezó a vender en bandeja el mito de la pareja gay. Del amor entre personas del mismo sexo como una forma exasperada de la contracultura, visible en los filmes de Andy Warhol o Todd Haynes, se pasó a la trivialización del personaje homosexual, del closet se pasó al decorado neutralizando toda la posible potencia política del homoerotismo o el poliamor.

Y estamos ya en julio de 2001, otra vez con filas enormes en la sala 1 del Colombo (y también aquí en la Cinemateca Distrital que por entonces como ahora dirige el colega y amigo Julián David Correa) para ver los filmes militantes y autorreferentes de Rosa von Praunheim, que fueron seguidos en años posteriores, por todo un inventario de producción al margen de la gran industria. Pero ya eran otros tiempos, muy lejanos de esos ciclos con copias piratas de la gloriosa videoteca del Colombo Americano, con los cuales hicimos un ciclo de películas gay en uno de los templos del conservadurismo paisa: la Caja de Compensación Familiar Comfama, quizá en el 97 o 98. Ni siquiera se pudo mencionar la palabra gay u homosexual en el título del ciclo, que presentó Manuel Bermúdez, un compañero de la Facultad de Comunicación de la U. de Antioquia, que después se lanzó como candidato al concejo de la ciudad y perdió, y protagonizó una de las primeras bodas simbólicas de carácter público entre personas del mismo sexo en Colombia.

Hacia finales de los noventa, como todos saben, se volvieron frecuentes las marchas del orgullo gay o de ciudadanía plena o como quiera que se llamen o se hayan llamado y el activismo encontró un nicho en la institucionalidad política, y en esa a veces  terrible forma de territorialidad que es la Academia. El periodismo reaccionó y hoy desde muchas tribunas se le da a las luchas LGBTI una visibilidad que ya quisieran otras agendas reivindicativas menos glamurosas. Y el Ciclo Rosa es expresión de estos cambios.

Me resulta difícil encontrar una razón que explique por qué, a pesar de los logros y los triunfos jurídicos, culturales y políticos, la sensación que percibo es de insatisfacción y derrota, de hostilidad y cansancio. ¿Hay hoy más o menos miedo que antes? Es posible que se sufra más por las plegarias atendidas que por las no atendidas, como lo dijo Teresa de Ávila y lo repitió Capote, y que sea difícil no dejarse vencer por la nostalgia de lo clandestino.

Derek Jarman, muerto de sida
Resulta difícil no enamorarse de la muerte y la tragedia y aceptar ser una fuerza tranquila. Hoy el desafío es no dejarse dominar por los esencialismos identitarios, y reconocer lo común por encima de la diferencia. Sin embargo la diversità existe y no siempre resulta cómoda. Hay cuerpos fronterizos que desatan impensables formas de odio y de violencia, cuerpos en los que una sorda desgracia se ensaña. Espero que esa diversità pueda volverse una fuente de riqueza y creatividad y no la cuna del sufrimiento y de la muerte, como con frecuencia ha ocurrido y como espero que esta lista de ausentes nos haya permitido recordar.

Notas:

(1). Hanna Arendt, “La esfera pública y la privada”, en: La condición humana, Buenos Aires, Paidós, 2009.

(2).“Especial: 25 joyas de la cultura gay”, Revista Arcadia, núm. 81, junio de 2012, disponible en: http://www.revistaarcadia.com/especiales/25_joyas_cultura_gay/index.html

(3). Emmanuel  Levinas, Difícil Libertad: ensayos sobre el judaísmo, Madrid, Caparrós, 2004, p. 130.

(4). “Especial: 25 joyas de la cultura gay”, Revista Arcadia, núm. 81, junio de 2012, disponible en: http://www.revistaarcadia.com/especiales/25_joyas_cultura_gay/index.html


(6). Juan Camilo Rengifo, “¿Por qué a usted señor Zuleta”, Periódico De La Urbe, núm. 41, Universidad de Antioquia, disponible en: http://www.colectivoleonzuleta.org/bioleonz/bioleon2.html

(7). Del guión de The Garden, Dir. Derek Jarman, Reino Unido, 1990.


 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Sofía y el terco: el "puritito" placer de narrar

El primer largometraje bajo la dirección del libretista y escritor Andrés Burgos se estrena este viernes 3 de agosto en las salas del país, precedido de una ola de aprobación de público y crítica. La siguiente reseña, publicada originalmente en el último número de la revista Kinetoscopio, busca ubicar algunas claves de la "visión del mundo" de Burgos, y cómo se concretan en su opera prima.
Por Pedro Adrián Zuluaga
"Esta es la puritita Colombia", le dijo Carmen Maura a El Tiempo, cuando atendía medios en los días previos al rodaje de Sofía y el terco. Se refería  a la mirada sobre el país del director, escritor y libretista antioqueño Andrés Burgos, ya perceptible en el guión de la película. Cansados de la las narrativas de la "dura realidad", a las que parece aludir por contraste la magnífica Maura, en la opera prima de Burgos tendríamos una respuesta: estaríamos por fin ante una Colombia largamente ignorada por sus cineastas, un país en clave menor.

Lo peligroso de esta idea (“la puritita Colombia”) es que se cambia un lugar común por otro. Afirmaciones de tal calado se sostienen en una visión reduccionista, en un vacío cultural, en un olvido de la tradición. Ni Colombia es solo “explosiones, monstruos y otros follones” (Maura dixit), ni es el país bucólico que muestra Sofía y el terco. Ni lo primero está agotado, ni lo segundo es inédito
Carmen Maura en Sofía y el terco
En cualquier caso, convendría dejar a Colombia tranquila y hablar de cine. Sofía y el terco es una película ingeniosa y refrescante que parte de la motivación de su personaje principal, una mujer mayor que vive en un pueblo de Cundinamarca sobrellevando un matrimonio rutinario y con una obsesión nunca llevada a buen término: conocer el mar. La película no necesita nada más y nunca se desvía de su norte. 

Sin una voluntad explícita de realismo y declinando la tentación de hacer cuadros de costumbres, Sofía y el terco muestra al personaje principal en relación con un entorno y con otros personajes construidos de forma muy artificial (y no me refiero al innecesario recurso del colorido mar de papel que representa la fantasía del personaje), como algo puramente funcional para los propósitos de un guión que sabe siempre a dónde quiere llegar.
Quien quiera encontrar aquí datos de observación social, denuncia política (como en el road movie de una pareja de primos que también parte del interior del país hacia el mar: Retratos en un mar de mentiras) o una poética del paisaje como en los cortos de Rubén Mendoza (La cerca y La casa por la ventana), Martín Mejía (Od El Camino) o Frank Benítez (Xpectativa), filmados en esta misma región de Cundinamarca, verá frustrado su deseo. Burgos, autor de las novelas Mudanza, Manual de pelea y Nunca en cines, y libretista de telenovelas como Hasta que la plata nos separe, tiene una sensibilidad ajena a estas exigencias. 

Sus trabajos anteriores en cine, concretamente el cortometraje Gajes del oficio (2000), codirigido con Camilo Uribe (Q.E.P.D.), y los documentales Retrato porno (1999) y Un héroe se hace a patadas (1995), muestran una mirada sobre el mundo en la que siempre son determinantes el humor y el escepticismo. Esa saludable falta de solemnidad es, creo yo, su voz particular y la que tendría que seguir elaborando, cuidándose del riesgo de caer en la frivolidad. 


Andrés Burgos, director
Después de ver la película en su estreno mundial en el Festival de Cine de Cartagena, donde participó en la selección de Colombia al 100%, pensé con la lógica twittera de nuestros días que “esta es la película de una Diosa en un universo demasiado humano”. Con ello quiero resaltar el ostensible peso que en filme tiene la actuación de la diva Carmen Maura. Ella se echa esta película a cuestas y la saca al otro lado.
Por los mismos días en que la actriz de Volver y La comunidad atendía medios en Bogotá, le pregunté en una rueda de prensa cómo iba a hacer para darle verosimilitud a un personaje de 75 años y para hablar con el acento de los campesinos colombianos. Fue ahí que contó que el personaje no tendría ni una línea de diálogo en la película. La decisión es bastante afortunada y nos evita incomodidades como la de soportar a Unax Ugalde tratando de hablar paisa en Rosario Tijeras o, aunque está por verse, a Luis Tosar forzado a ser el campesino de San José del Guaviare que cuidó a Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, en la película sobre el tema que está produciendo Juan Pablo Tamayo.
Maura se mete en la piel del personaje de otra manera, no forzando un acento, ni maquillándose de anciana, sino construyéndolo desde adentro, por medio de gestos mínimos, miradas sutiles y un magnífico dominio de su cuerpo. En Cartagena, al lado mío, la actriz argentina Patricia Carbonari me hacía notar en una de las escenas que Constanza Duque, la amiga “librepensadora” de Maura con quien la protagonista planea escaparse al mar después de los intentos fallidos de ir con su marido, como la colombiana se esfuerza haciendo mohines para despertar simpatía por su personaje, mientras Maura no precisa de ningún exceso, es pura contención. 

Lo mismo se podría decir del dúo que en la parte final de la película Maura compone con Jair Romero, el celebrado actor que encarnó al Joe Arroyo, y que en Sofía y el terco le da vida a uno de los personajes que acompañan la llegada al mar de la protagonista. Maura es superior a cualquier otra cosa de la película. “Me sentía frente al talento puro”, me confesó Burgos en Cartagena. “El puritito talento”, se podría agregar.
Es más fácil pues definir a Sofía y el terco por lo que no es. No es un road movie convencional donde asistamos a la “educación sentimental” de un personaje. No es una declaración de nada distinto a ese deseo que siempre ha tenido Burgos de avanzar hacia un cada vez mayor profesionalismo en el oficio de contar historias, más allá del fetichismo de los formatos (de ahí su flexibilidad para ir del cine a la televisión pasando por la literatura). “Yo intento narrar lo que puedo y estoy aprendiendo a narrar, eso lo tengo claro” (1), declaró en una “vieja” entrevista para Kinetoscopio.

En Sofía y el terco, Burgos ha construido un personaje entrañable en cooperación con una actriz en la plena madurez de sus facultades. Aún es posible que en el camino de su maduración como narrador, Burgos deba aprender a deshacerse de ciertos excesos que siempre tienen sus historias, hasta el día en que llegue a ser más que él mismo. Como el personaje de Carmen Maura cuando regresa del mar a la cotidianidad de su matrimonio. Ella siempre fue ella. Pero después de cumplir su sueño, el personaje es algo más.

Ver trailer:



NOTA:
(1). Oswaldo Osorio. “Entrevista con Andrés Burgos. Un realizador no se hace a patadas”, disponible en:

miércoles, 11 de julio de 2012

La geografía íntima de Jhonny Hendrix, director de Chocó

A menos de tres semanas del estreno comercial de Chocó, publicamos esta entrevista con el director y productor Jhonny Hendrix, realizada por la periodista y actriz argentina Patricia Carbonari en el pasado Festival de Cine de Cartagena, donde esta opera prima tuvo su primera exhibición en Colombia.

Por Patricia Carbonari

Chocó es uno de los treinta y dos muy bellos departamentos de Colombia y el único con costas en los dos océanos. Alberga una de las regiones más lluviosas del planeta. En este escenario, ubicado al noroeste del país, algo querrán decir sus lluvias, algo también el abrazo del mar. Esta geografía habla quizás de su alegría, de su musicalidad, de su fertilidad.
Chocó es, también, una de las tierras olvidadas de su patria, como muchas otras de nuestra Latinoamérica profunda, comarcas donde se hacen protagonistas la desigualdad, la pobreza, la invisibilidad.
Chocó es, además, el título del film que abrió la 52 edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena y que pronto tendrá estreno comercial en Colombia, para su público, todavía algo refractario a un cine que de a poco se está haciendo cargo de mostrar y de mostrarse.
Chocó es el nombre de la protagonista de ese film, una mujer como tantas, aunque decidida a romper con algunas tradiciones, a desafiar arcaicas estructuras binarias, donde reina un amo y se somete un esclavo.
Chocó es la ópera prima, profunda y sin estridencias, de Jhonny Hendrix. En medio de las urgencias festivaleras, este joven productor, seducido por la dirección, nos contó porque abdicó de la postal turística y se internó en la geografía íntima de su pueblo.

Patricia Carbonari: ¿Por qué elegiste este escenario para filmar?
Jhonny Hendrix: Porque allí nací. Era muy fácil contar, creo yo, algo que conozco, que he vivido, la pequeña sociedad de la que hago parte.

P.C: Y en ésta, tu pequeña sociedad, ¿por qué crees que hay tanta indiferencia a reflexionar acerca del lugar al que se ha desplazado a la mujer?
J.H: Creo que hay una guerra de poderes, que ha venido de generación en generación. La película realmente plantea algo que es cultural; yo no veo al hombre que le pega a la mujer como alguien que subyuga, lo veo como una víctima; realmente, creo que ambos son víctimas: ella porque es la que recibe los golpes, obviamente, y él porque esta sociedad lo ha educado en esta tradición. Mi padre siempre me decía que el hombre nace bueno y es la sociedad la que lo corrompe y creo que es así.
El hombre es culpable de no razonar, de no preguntarse ¿esto que me están diciendo es tan así?, porque siempre nos han inculcado que está bien lo que nos dicen en la universidad o en el colegio o nuestros padres cuando teníamos cinco años o...lo que leemos en los diarios. Todas las instituciones en general deben ayudar a cambiar conceptos tan internalizados.
Yo sufro el racismo todo el tiempo, me da mucho pesar la gente que cree que ser negro es malo o es bueno, o lo que sea, creo que es la cultura la que te lleva a...

Karent Hinestroza, protagonista de Chocó
P.C: A estigmatizar...
J.H: Sí, en ese sentido creo que es importante hacer películas como ésta que por lo menos te permitan sentir algo distinto y ese sentimiento a la vez te permita evolucionar, mejorar como persona, tomar otros caminos.

P.C: ¿Y en qué momento vos pensás que está Colombia ahora? En la Argentina, por ejemplo, estamos viviendo un proceso de inclusión que nos permite escuchar voces históricamente acalladas, hablar de los temas que nunca eran puestos en la vidriera.
J.H: Yo creo que lo bueno es que se está empezando a hablar, se está invitando a pensar. Era el momento para que apareciera una película como ésta, para que el tema también llegara a hablarse en términos artísticos, porque en términos de arte hay un fuerte machismo, hay una falta de credibilidad sobre lo que hace la mujer. Que se hable de estas cosas ya es un comienzo pero, lastimosamente, va a llevar mucho tiempo. Mi deseo es que la película ayude y hablemos lo suficiente como para que logremos avanzar. No hay que seguir alimentando una guerra, quién puede más, tenemos que empezar a entendernos y a acercarnos. Creo que en Colombia nos estamos manifestando.

P.C: Cuando entré al país vi un cartel, que luego volví a ver en las plazas y en las calles, y allí me di cuenta que hacía parte de una fuerte campaña publicitaria en favor de la conciencia del desarme ciudadano. ¿Armar o amar? se preguntaba, con un dedo en forma de pistola del que se desprendía un corazón. Me llamó mucho la atención y pensé que tener que desandar estos caminos va a ser muy arduo.
J.H: Sí, claro, la película habla también, más sutilmente, de esa violencia que se vive a diario; en un momento el niño le dispara a la niña y muy pocas personas notan esa escena, ¿sabes por qué? Porque se naturaliza, les parece un juego normal, es que desde pequeños se les enseña a disparar. Hay que verlo desde la educación, el cambio tiene que venir desde ahí.

P.C: Hay otro tema que evoca la película y tiene que ver con la minería y el medio ambiente. La necesidad de dar esta discusión, de reflexionar sobre la hostilidad en la que podemos llegar a vivir en un ambiente altamente contaminado, se impone. Porque aunque nos igualemos como personas, en un ambiente poluido va a ser difícil que convivamos.
¿Crees que existe, en este país o en cualquier otro, la posibilidad de sostener la minería artesanal?
J.H: Creo que no, siendo sincero; pero a su vez creo que las peleas hay que darlas, siento que el poder económico es demasiado grande como para lograr que una pequeña comunidad en un país como Colombia le ponga cuidado a los mineros artesanales, es una actividad que está condenada a la extinción porque hay intereses económicos muy fuertes de por medio y mucho territorio. Es preocupante, se están entregando muchas tierras a las multinacionales, y esto es muy difícil contrarrestarlo. Todo está plagado de mineros, legales e ilegales, además, al ser territorios selváticos, se complica si no hay control.

Patricia Carbonari y Jhonny Hendrix

P.C: ¿Querés resaltar un importante grado de anomia?
J.H: Sí, diría un descontrol total.

P.C: Lo que sí está bajo control en tu film es la fotografía, que juega un rol decisivo ¿La pensaste en función de realzar los contrastes de esos territorios?
J.H: La fotografía me importaba desde el principio; siempre le pedí a Paulo (Pérez) que trabajara con una fotografía simple. Yo quería una cámara muy observadora pero que no tuviera tanto protagonismo. Primero hay que ver a los personajes y luego sentir la fotografía. Desde esa perspectiva soñé la película, así era como yo la quería.

P.C: Algunas escenas, las más densas en su contenido de violencia, si bien no están en fuera de campo, gracias al trabajo de iluminación, es como si lo estuvieran.
J.H: La iluminación es natural, pues la consigna era “no quiero iluminación artificial”. Paulo se preocupó por lograr una mirada contemplativa del lugar, del entorno, una observación tenue que no manipulara los escenarios reales.

P.C: El peso de estos dos recursos, tan caros al cine, me provocó cierto distanciamiento; surgía en mí la necesidad de aislar a esos personajes concretos, de su caracterización propia, para convertirlos en todas las mujeres de Chocó o en todos los hombres de Chocó.
J.H: Para mí la fotografía estaba siempre atada a la observación del lugar, los personajes debían divagar, caminar y hacer su vida en ese entorno para luego permitirnos acercar de a poco la cámara y entrar en sus mundos, en esas casas donde iban a ocurrir otras cosas.

P.C: Recurriendo a algunas elipsis...
J.H: Sí, claro, siempre es más fuerte lo que no se ve, por eso decidí que algunas situaciones no se debían mostrar.

P.C: ¿Cómo fue la respuesta de la gente, tu contacto más allá del clima tan particular que se genera en los festivales?
J.H: Yo no esperaba nada, quería dejarme sorprender y el público fue generoso, la aplaudió, la amó; yo soy conciente de que no estamos acostumbrados a ver este tipo de cine, más bien tenemos los gustos estereotipados y por eso la sorpresa fue mayor.

P.C: Vos, hasta ahora, has sido productor ¿cómo se hace para abandonar los vicios de una actividad al encarar otra como es la dirección?
J.H: Nunca los abandoné; a veces pensaba como productor, era inevitable, pero también soy un enamorado de contar historias. En Colombia es muy difícil llegar a ser director siendo negro, digo, afro-descendiente, a mí me ayudó mucho mi tarea de productor para “legitimarme en el medio”.

P.C: Y para despedirnos, contáme acerca del trabajo con los niños, ¿cómo te plantaste frente a ellos?
J.H: Bueno, les propuse un juego y jugamos y nos divertimos; cuando ya habíamos ganado confianza, ellos me asumieron como padrino; también ayudó mucho que mi hijo, uno más de ellos, fuera asistente de dirección; era muy fácil decirles como resultaba mejor moverse o que cosas me parecían apropiadas y cuáles no, no necesité aportar mucho más. El rol de Karent (Hinestroza), la actriz principal, era provocar cierta reacción en los niños. Ellos naturalmente saben de música, de movimiento, de ritmo; sus cuerpos están dados para el arte, te das cuenta cuando los observas, tienen facilidad para liberarse, y ahí está, eso es arte. Abreviando, los adultos debían saber lo que iba a pasar, los niños resolvían con mucha naturalidad.

P.C: Bueno, quizás sea por eso que está presente la idea de coralidad, sugerida espontáneamente por los cantos del lugar.
J.H: Sí, claro, es que...todo el pacífico colombiano es música.

Y sí, en esta tierra musical, el cine viene despertando a los acordes, a los contrastes de su identidad, y espera, paciente, un lugar. Porque sabe que no es la impaciencia lo que le hará recorrer las grandes salas del mundo y pisar la alfombra roja de los grandes festivales, sino el deseo de reflexionar sobre sus historias más simples, las de adentro, historias como está o la de El vuelco del cangrejo o de la reciente Porfirio, que, aunque sea una coproducción y nos recuerde al cine del mexicano Carlos Reygadas, es también muy colombiana.

Quizás, a priori, no sean películas como éstas las que los latinoamericanos ansiamos ver, porque hablan de todo aquello que nos avergüenza, de aquello que resalta nuestra inmadurez como pueblos, de nuestra falta de solidaridad, de nuestras costumbres arcaicas, pero son, también, las que nos comprometen y nos interpelan.

Habrá otros títulos, de factura reciente, que no he podido ver por encontrarme (como se encuentran todas nuestras cinematografías) merced al antojo de las grandes distribuidoras lacayas del mercado, que eligen, sin que se les mueva una pestaña, el cine que “debemos ver”. Por esos títulos que por ignorancia no he nombrado, y que merezcan mención en este nuevo periplo que el cine colombiano ha encarado, pido disculpas...y me despido.

viernes, 29 de junio de 2012

Texto aprobado del proyecto de ley No 150 "por la cual se fomenta el territorio nacional como escenario para el rodaje de obras cinematográficas"


Aquí está, listo para firma presidencial. Hay que estar muy vigilantes de los decretos reglamentarios, donde se define mucha letra menuda.


DEL Proyecto de Ley No. 150 de 2011, Senado “POR LA CUAL SE FOMENTA EL TERRITORIO NACIONAL  COMO ESCENARIO PARA EL RODAJE DE OBRAS CINEMATOGRAFICAS”.

EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA

DECRETA


TITULO I

DISPOSICIONES GENERALES

Artículo 1º. Objeto. Esta ley tiene por objeto el fomento de la actividad cinematográfica de Colombia, promoviendo el territorio nacional como elemento del patrimonio cultural para la filmación de audiovisuales y a través de estos, la actividad turística y la promoción de la imagen del país, así como el desarrollo de nuestra  industria cinematográfica.
Lo anterior, de manera concurrente con los fines trazados por las leyes 397 de 1997 y 814 de 2003 respecto de la industria cultural del cine, todo ello dentro del marco de una política pública diseñada para el desarrollo del sector cinematográfico, asociado a los fines esenciales del Estado.

Artículo 2º. Definiciones. Para los efectos de esta ley se aplican las siguientes definiciones:

1.    Obra cinematográfica nacional. Será las que cumpla con los requisitos establecidos en los decretos 358 de 2000 y 763 de 2009 y las normas que los modifiquen y establezcan equivalencias sobre la misma.

2.     Obra cinematográfica extranjera. Aquella que, siendo una obra cinematográfica conforme a las disposiciones nacionales, no reúne los requisitos para ser considerada como obra cinematográfica nacional.

3.    Servicios cinematográficos. Actividades especializadas  directamente relacionadas con la preproducción, producción y posproducción de obras cinematográficas incluyendo servicios artísticos y técnicos, prestados por personas naturales o jurídicas colombianas residentes o domiciliadas en el país.

4.    Sociedad de servicios cinematográficos. Sociedades legalmente constituidas en Colombia, cuyo objeto sea la prestación de servicios cinematográficos, inscritas en el  Registro de Prestadores de Servicios Cinematográficos del Ministerio de Cultura.

Parágrafo: Las películas producidas con el único fin de ser emitidas por televisión o medios diferentes a la pantalla de cine, podrán incluirse para los efectos de esta ley en el concepto de obra cinematográfica de acuerdo con los parámetros que establezca el Comité Promoción Fílmica Colombia de que trata el artículo 6° de la presente Ley.


TITULO II

FONDO FÍLMICO COLOMBIA

Artículo 3º. Fondo Fílmico Colombia. Créase el Fondo Fílmico Colombia (FFC), como una cuenta especial del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, cuyos recursos están constituidos por:

1.    Los que se le asignen anualmente en el presupuesto nacional.
2.    Los derivados de los rendimientos  financieros y operativos del Fondo Fílmico Colombia (FFC).
3.    El producto de la venta o liquidación de sus inversiones.
4.    Las donaciones, transferencias y aportes en dinero que reciba.
5.    Los aportes  de cooperación internacional.

Parágrafo 1º. La entidad administradora del Fondo Fílmico Colombia (FFC) podrá constituir patrimonios autónomos, previa autorización del Comité Promoción Fílmica Colombia de que trata el artículo 6º de la presente Ley.

Parágrafo 2º.  La partida  del Presupuesto Nacional asignada anualmente para el Fondo Fílmico Colombia (FFC) no afectará los topes fiscales establecidos en las normas presupuestales y se consideran una adición al presupuesto del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Parágrafo 3º. De conformidad con el artículo 267 de la Constitución Política, la Contraloría General de la República ejercerá control fiscal sobre los recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC).
                         
Artículo 4º. Administración y ejecución de recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC). El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo administrará y ejecutará  los  recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC) a través de una  entidad administradora que,  a elección del Ministerio  de Comercio Industria y Turismo, podrá ser una entidad fiduciaria o el Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica - Proimágenes Colombia,  creado por la Ley 397 de 1997.

Artículo 5º. Destino de los recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC). Los recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC) se destinarán a las siguientes líneas de promoción del territorio nacional como espacio para el desarrollo de actividades cinematográficas así:

1.  Pago de las contraprestaciones previstas en el artículo 8º de esta ley, generadas en los contratos celebrados con los productores cinematográficos.
2.    Pago de costos administrativos según el contrato o convenio que se celebre para el manejo y ejecución del Fondo Fílmico Colombia (FFC).
3.    Inversión en actividades de promoción de Colombia como lugar de filmación

Artículo 6º. Comité Promoción Fílmica Colombia.  Créase el Comité Promoción Fílmica Colombia (CPFC), como órgano directivo del Fondo Fílmico Colombia (FFC), que tendrá a su cargo:

1.    Aprobar el manual de asignación de recursos y el manual de contratación por el cual deberá seguirse la entidad administradora del Fondo Fílmico Colombia (FFC).
2.     Aprobar el presupuesto de gastos de la administración y control.
3.   Aprobar los proyectos de filmación en Colombia y la celebración  de los contratos correspondientes entre el administrador y el productor cinematográfico.
4.  Aprobar los proyectos para la promoción del territorio nacional para el desarrollo de actividades cinematográficas  y lugar de filmación y decidir sobre su ejecución.
5.    Aprobar su propio reglamento.



Artículo 7º. Integración del Comité Promoción Fílmica Colombia. El Comité estará integrado por:

1. El Ministro de Comercio, Industria y Turismo,  quién lo presidirá.
2. El Ministro de Cultura.
3. El Presidente  de Proexport.
4. Dos representantes con amplia trayectoria en el sector cinematográfico designados por el Presidente de la República.
5. El representante de los productores en el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura  Cinematográfica (CNACC).
6. El Director de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

Parágrafo 1º. El Director del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica - Proimágenes Colombia tendrá la calidad de asistente permanente  y participará con voz pero sin voto.

Parágrafo 2º. Los Ministros podrán delegar su representación en un viceministro  y el Ministro de Comercio, Industria y Turismo en el Viceministro de Turismo. Los demás miembros no podrán delegar su participación.

Parágrafo 3º. En ausencia del Ministro de Comercio, Industria y Turismo, presidirá el Ministro de Cultura y en ausencia de éstos, presidirá  el Viceministro de Turismo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. En todo caso el Comité no podrá sesionar sin la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo o del Ministerio de Cultura.

Parágrafo 4º. Los miembros del Comité no podrán por si o por interpuesta persona acceder a  los recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC).  

                                                   
TÍTULO III

CONTRATOS FILMACIÓN COLOMBIA Y SU CONTRAPRESTACIÓN

Artículo 8º. Contratos Filmación Colombia. La entidad administradora del Fondo Fílmico Colombia (FFC), una vez aprobado el proyecto de filmación en Colombia por el Comité Promoción Fílmica Colombia (CPFC) celebrará los Contratos de Filmación Colombia respectivos, con cargo a los recursos del Fondo Fílmico Colombia (FFC), con las personas jurídicas que en condición de productores cinematográficos vayan a realizar el rodaje total o parcial de obras cinematográficas en territorio colombiano, previo el cumplimiento de los requisitos establecidos en el manual de asignación de recursos.

Parágrafo. Sólo se podrán aprobar proyectos cuando el productor cinematográfico vaya a invertir en su producción en territorio colombiano como mínimo  mil ochocientos salarios mínimos legales mensuales vigentes (1.800 SMLMV), recursos que deberán manejarse a través de una fiducia administrada por una sociedad fiduciaria vigilada por la Superintendencia Financiera, que constituya y pague el productor respectivo.

Artículo 9º. Contraprestación. Las empresas productoras de obras cinematográficas, rodadas total o parcialmente dentro del territorio colombiano que celebren los Contratos Filmación Colombia, tendrán una contraprestación equivalente al  cuarenta por ciento (40%) del valor de los gastos realizados en el país por concepto de servicios cinematográficos contratados con sociedades colombianas de servicios cinematográficos y al veinte por ciento (20%) del valor de los gastos en hotelería, alimentación y transporte, siempre y cuando se cumplan las condiciones establecidas en el manual de asignación de recursos.

Parágrafo 1. En el caso de las empresas productoras de obras cinematográficas nacionales, estas podrán o no realizar la contratación a través de sociedades colombianas de servicios cinematográficos.

Parágrafo 2. El titular o productor cinematográfico deberá garantizar integralmente al personal que contrate o vincule laboralmente en el país, los derechos y prestaciones sociales consagrados en la legislación  colombiana.


Artículo 10º.  Reconocimiento y pago de la contraprestación. A las empresas productoras se les reconocerá la contraprestación de que trata el artículo anterior de acuerdo con el Contrato Filmación Colombia suscrito en los términos establecidos en esta ley, cuando finalicen los compromisos de producción o posproducción de la película en Colombia. Para estos efectos la empresa productora presentará ante el Comité Promoción Fílmica Colombia (CPFC), a través de la entidad administradora del Fondo Fílmico Colombia (FFC), una solicitud de reconocimiento de la contraprestación con base en los gastos realizados en el país, adjuntando los documentos que se establezcan en el manual de asignación de recursos.

Artículo 11º. Auditoría Externa. La Entidad Administradora del Fondo Fílmico Colombia (FFC), una vez verificado el cumplimiento de las obligaciones contractuales y los requisitos establecidos en esta ley, previo concepto favorable de la auditoría externa contratada por el productor, tramitará el reembolso respectivo.

Artículo 12º.  Responsabilidades. En caso de que por cualquier medio se llegue a establecer la improcedencia total o parcial del pago de las contraprestaciones, serán solidariamente responsables por este hecho la empresa productora, las sociedades de servicios cinematográficos de acuerdo con los certificados que hayan expedido y la firma de auditoría externa que emitió el concepto favorable sobre la procedencia de la contraprestación.  (ojo explicar la supresión de las fiduciarias)

Artículo 13º. Proyectos nacionales. Las obras cinematográficas nacionales de producción o coproducción podrán optar por solicitar el acceso a los mecanismos de fomento establecidos en esta ley, o a los previstos en la Ley 814 de 2003, sin que ambos puedan concurrir. Las instancias designadas en dichas leyes fijarán condiciones para que los recursos de uno y otro sistema sean totalmente independientes.


TITULO IV

DISPOSICIONES FINALES

Artículo 14º. Participación artística y técnica extranjera. Se entenderán rentas de fuente extranjera los ingresos percibidos por los artistas, técnicos y personal de producción no residentes en el país, cuando no exista contrato ni se produzcan pagos en el país generados por su participación en películas extranjeras que cuenten con la certificación expedida por la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, de que dicho proyecto se encuentra inscrito en el registro cinematográfico.

Artículo 15º. Registro cinematográfico. La Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura adecuará su sistema de registros cinematográficos de forma que incorpore los asuntos de los que trata esta ley.

Artículo 16º. Visas especiales para talento cinematográfico. El Ministerio de Relaciones Exteriores deberá contar con un régimen especial para el ingreso de personal artístico, técnico y de producción extranjero con el objeto de realizar proyectos de producción de películas extranjeras sin necesidad de la expedición de visas de trabajo. Se requerirá la acreditación de un servicio de asistencia médica durante su permanencia en el país.

Artículo 17º. Facilitación de trámites. La filmación de obras audiovisuales en espacios públicos o en zonas de uso público no se considera un espectáculo público. En consecuencia no serán aplicables para los permisos que se conceden para el efecto en el ámbito de las entidades territoriales, los requisitos, documentaciones ni, en general, las previsiones que se exigen para la realización de espectáculos públicos.

Las entidades territoriales por intermedio de las gobernaciones o alcaldías municipales y distritales, en desarrollo de principios de supresión de trámites,  deberán contar con un permiso unificado que integre todas aquellas autorizaciones o requerimientos necesarios en el caso de la filmación audiovisual en espacios públicos o en bienes de uso público bajo su jurisdicción.


Artículo 18º. Vigencia y derogatorias. Esta ley rige a partir de su publicación y hasta por el término de diez (10) años y deroga todas las disposiciones que le sean contrarias.